Velasco Espinal, J. A., Calderón Aguirre, A. P., Uriostegui Navarro, A. F., Olvera Dueñas, A. I., Fiore Jimenez, A. I.,
Palacios Can, H. E., & Reynoso Garduño, A. M.
62
e-ISSN 3073-1151 Julio-
Septiembre, 2025 Vol.
2, Núm. 3, 62-79
Revista Científica Multidisciplinar
Artículo de Investigación
Importancia de la actividad física en personas con
sobrepeso u obesidad: frecuencia de práctica y lugar de
atención médica en la población mexicana, 2025
Importance of Physical Activity in Overweight or Obese Individuals: Frequency of
Practice and Place of Medical Care in the Mexican Population, 2025
1
Universidad del Valle de Cuernavaca, Morelos, México
2
Universidad Anáhuac Sur, Ciudad de México, México
3
Universidad Latinoamericana, Morelos, México
Recibido: 2025-05-01 / Aceptado: 2025-06-02 / Publicado: 2025-07-01
RESUMEN
El sobrepeso y la obesidad en México representan una crisis de salud pública creciente, especialmente entre estudiantes
jóvenes, donde factores como la actividad física insuficiente, la mala calidad de la alimentación y la falta de orientación
preventiva aumentan el riesgo de exceso de peso. Este estudio analizó la relación entre la frecuencia de actividad física, la
calidad percibida de la dieta, el número de comidas diarias, el consumo de tabaco y el lugar de atención médica con la
prevalencia de sobrepeso u obesidad en estudiantes de nivel preparatoria y universidad. Participaron 2,545 estudiantes
de ambossexos,con edades de 15a 63 años,de distintas regiones de México.Se utilizó un cuestionario anónimo que
recopiló datos sociodemográficos, hábitos de actividad física, calidad de la alimentación y acceso a servicios de salud. Los
resultados mostraron que una mayor frecuencia de actividad física, una alimentación percibida como buena y la
organización adecuada de las comidas se asocian con menor prevalencia de exceso de peso, mientras que la inactividad,
la omisión de comidas y la baja percepción de calidad dietética se relacionaron con tasas más altas de sobrepeso u
obesidad. Los hallazgos subrayan la importancia de reforzarestrategias preventivas que promuevan estilos de vida activos
y una cultura de autocuidado en población estudiantil, contribuyendo a orientar políticas públicas, programas escolares y
acciones comunitarias más eficaces.
Palabras clave: actividad física, alimentación, obesidad, prevención, salud pública, sobrepeso
ABSTRACT
Overweight and obesity in Mexico represent a growing public health crisis, especially among young students, where
factors such as insufficient physical activity, poor dietary quality and lack of preventive guidance increase the risk of excess
weight. This study analyzed therelationship betweenfrequency of physical activity,perceived diet quality,number of daily
meals, tobacco use and place of medical care with the prevalence of overweight or obesity in high school and university
students. A total of 2,545 students of both sexes, aged 15 to 63 years, from different regions of Mexico participated. An
anonymous questionnaire collected sociodemographic data, physical activity habits, perceived diet quality and health
care access. Results showed that higher frequency of physical activity, perceived good diet quality and appropriate meal
organization were associated with lower prevalence of excess weight, while inactivity, skipping meals and poor perceived
diet quality were related to higher rates of overweight or obesity. The findings highlight the need to strengthen preventive
strategies that promote active lifestyles and a culture of self-care among students, helping guide more effective public
policies, school programs and community actions.
keywords: diet, obesity, overweight, physical activity, prevention, public health
Jorge Angel Velasco Espinal
1
Ana Paula Calderón Aguirre
2
Alexa
Fernanda Uriostegui Navarro
3
Ariana Itzel Olvera Dueñas
1
Andrew
Israel Fiore Jimenez
1
Hugo Enrique Palacios Can
1
Anel Michelle Reynoso Garduño
1
SAGA Rev. Cienc. Multidiscip. | e-ISSN 3073-1151 | Julio-Septiembre, 2025 | vol. 2 | núm. 3 | pág. 62-79
Velasco Espinal, J. A., Calderón Aguirre, A. P., Uriostegui Navarro, A. F., Olvera Dueñas, A. I., Fiore Jimenez, A. I.,
Palacios Can, H. E., & Reynoso Garduño, A. M.
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RESUMO
O excesso de peso e a obesidade no México representam uma crise crescente de saúde pública, especialmente entre
estudantes jovens, onde fatores como atividade física insuficiente, má qualidade da alimentação e falta de orientação
preventiva aumentam o risco de ganho excessivo de peso. Este estudo analisou a relação entre a frequência de atividade
física, a qualidadepercebida da dieta, o número derefeições diárias, o consumo de tabaco e o local deatendimento médico
com a prevalência de sobrepeso ou obesidade em estudantes do ensino médio e universitário. Participaram 2.545
estudantes de ambos os sexos, com idades entre 15 e 63 anos, de diferentes regiões do México. Foi utilizado um
questionário anônimo que coletou dados sociodemográficos, hábitos de atividade física, qualidade da alimentação e
acesso a serviços de saúde. Os resultados mostraram que maior frequência de atividade física, alimentação percebida
como boa e uma organização adequada das refeições estão associadas a menor prevalência de excesso de peso, enquanto
a inatividade, a omissão de refeições e a baixa percepção da qualidade da dieta estiveram relacionadas a taxas mais
elevadas de sobrepeso ou obesidade. Os achados destacam a importância de reforçar estratégias preventivas que
promovam estilos de vida ativos e uma cultura de autocuidado na população estudantil, contribuindo para orientar
políticas públicas, programas escolares e ações comunitárias mais eficazes.
palavras-chave: atividade física, alimentação, obesidade, prevenção, saúde pública, sobrepeso
Forma sugerida de citar (APA):
Velasco Espinal, J. A., Calderón Aguirre, A. P., Uriostegui Navarro, A. F., Olvera Dueñas, A. I., Fiore Jimenez, A. I., Palacios Can, H. E., & Reynoso Garduño,
A. M. (2025). Importancia de la actividad física en personas con sobrepeso u obesidad: frecuencia de práctica y lugar de atención médica en la población
mexicana, 2025. Revista Científica Multidisciplinar SAGA, 2(3), 62-79
Esta obra está bajo una licencia internacional
INTRODUCCIÓN
La obesidad y el sobrepeso constituyen uno
delosdesafíosdesaludpúblicamás
persistentes y complejos de las últimas cinco
décadas, con especial relevancia en países
como México, donde la transición alimentaria,
la urbanización acelerada y la transformación
de estilos de vida han favorecido un entorno
obesogénico cada vez más difícil de revertir
(Barquera et al., 2023; Swinburn et al., 2011;
OMS, 2023). A nivel global, se estima que más
de 650 millones de adultos viven con
obesidad, cifra que se ha triplicado desde
1975 y que continúa aumentando,
particularmente en regiones en
desarrollo(WorldHealth Organization,
2018).
México ocupa hoy uno de los primeros
lugares en prevalencia de obesidad infantil y
adulta en América Latina (INEGI, 2022). De
acuerdo con los datos más recientes de la
Encuesta Nacional de Salud y Nutrición
Continua (ENSANUT, 2023), siete de cada diez
adultos presentan exceso de peso,
mientras que la obesidad en población infantil
y adolescente ha crecido de forma sostenida
en los últimos veinte años (Gutiérrez et al.,
2012; Shamah-Levy et al., 2020). Esta
situación genera una elevada carga de
enfermedades
crónicas no transmisibles, como diabetes tipo
2, hipertensión arterial y dislipidemias, que
impactan directamente en la calidad de vida y
en la sostenibilidad del sistema de salud
pública (Rivera-Dommarco et al., 2018).
Diversos factores estructurales, sociales y
ambientales explican esta crisis. El cambio en
los patrones de consumo —marcado por el
incremento de alimentos ultraprocesados y
bebidas azucaradas— ha desplazado prácticas
alimentariastradicionalesbasadasen
leguminosas, frutas y verduras (Rodríguez-
Ramírez & Mundo-Rosas, 2019; López-
Olmedo et al., 2021). López-Bonilla & Pérez-
Juárez (2020) subrayan que este fenómeno,
combinado con el aumento del sedentarismo,
la urbanización y la falta de acceso a espacios
seguros para la actividad física, configura un
entorno propicio para la ganancia de peso
excesiva.
El sedentarismo, de hecho, se consolida
comounodelosfactoresderiesgo
modificables más importantes. La
Organización Mundial de la Salud ha
reiterado en distintas directrices (OMS, 2010;
OMS, 2020) que la inactividad física
contribuye significativamente a la aparición de
obesidad y enfermedades metabólicas.
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Ramírez-Villalobos et al. (2022) identificaron
enpoblaciónjovenmexicanaqueel
sedentarismo se relaciona con niveles más
altos de factores de riesgo cardiometabólico,
mientras que Martínez-Hernández et al. (2022)
evidenciaron que estudiantes universitarios
con mayor frecuencia de actividad física
reportan mejor calidad de vida y menor índice
de masa corporal.
Noobstante,cumplirconlas
recomendaciones mínimas de actividad física
no es una tarea sencilla para los adolescentes y
jóvenes adultos en México. Según ENSANUT
(2023), menos del 30% de los adolescentes
alcanzan los150 minutos semanales
recomendados (World Health Organization,
2018). A ello se suman factores como la carga
académica,la falta de infraestructura
deportiva, la inseguridad en espacios públicos
y la preferencia por actividades sedentarias,
como el uso prolongado de dispositivos
electrónicos (Ramírez-Villalobos et al., 2022).
La dimensión alimentaria, por su parte,
refleja desafíos persistentes. A pesar de la
ampliadisponibilidaddealimentos
industrializados, la calidad de la dieta en
población joven tiende a ser baja: bajo
consumo de verduras y leguminosas, horarios
de comida irregulares, omisión de desayunos y
preferencia por snacks de alta densidad
calórica (ENSANUT, 2023; Gutiérrez et al.,
2012). Jiménez-Cruz & Bacardí-Gascón
(2013) revisan intervenciones en América
Latina y subrayan que la mayoría de los
programas de prevención de la obesidad
infantil enfrentan barreras estructurales, como
la faltade coordinación entreescuelas, familias
y sector salud.
Los factores socioecológicos y familiares
también desempeñan un rol clave. La teoría
ecológicadeldesarrollohumanode
Bronfenbrenner (1979) explica cómo los
entornos inmediatos—familia,escuela,
comunidad— configuran prácticas y hábitos
cotidianos. En México,la organización
familiar, el nivel socioeconómico y el acceso
desigual a servicios de salud son
determinantes que amplifican o limitan la
adopción de estilos de vida saludables
(CONEVAL, 2022; Rivera-Dommarco et al.,
2018).
Además, la percepción social de la obesidad
sigue cargada de estigmas. Puhl & Heuer
(2010) advierten que los prejuicios hacia
personas con exceso de peso no solo generan
discriminación, sino que desincentivan la
búsqueda de ayuda profesional y la adherencia
a tratamientos preventivos. Esto refuerza un
círculo vicioso de abandono de hábitos
saludables.
Otro aspecto relevante es el acceso a la
atención médica. En México, la mayoría de la
población joven recurre al IMSS, la SSA o
consultorios privados para resolver problemas
desaludcomunes(INEGI,2022).Sin
embargo,estosespacios suelen estar
orientados a la atención curativa y no siempre
integran una estrategia de prevención eficaz y
sostenida (Barquera et al., 2023).
Anteestepanorama,autorescomo
Swinburn et al. (2011) sostienen que revertir la
pandemia de obesidad requiere enfoques
multisectoriales quecombinen políticas
públicas de regulación de alimentos, entornos
que favorezcan la actividad física y estrategias
deeducaciónalimentaria desde edades
tempranas.Sin embargo, laevidencia
disponible muestra que persisten vacíos en la
comprensión de cómo interactúan la actividad
física, los hábitos de alimentación, el consumo
de sustancias y la atención médica en grupos
como los estudiantes de preparatoria y
universidad (López-Olmedo et al., 2021).
Elpresenteestudiorespondeaesta
necesidad, enfocándose en analizar la relación
entre la frecuencia de actividad física, la
percepción de la calidad de la dieta, la
organización de las comidas diarias, el
consumo de tabaco y el lugar de atención
médica con la prevalencia de sobrepeso y
obesidad en población estudiantil. Se parte de
la hipótesis de que la práctica regular de
actividad física y una alimentación percibida
como buena se asocian con menor exceso de
peso, en coherencia con recomendaciones de
organismos internacionales como la OMS
(2010, 2020, 2023).
Paraello,seaplicóuncuestionario
estructurado a estudiantes de distintos
estados delpaís,integrandovariables
claveya exploradas en investigaciones
nacionales
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(ENSANUT, 2023; Shamah-Levy et al., 2020) e
internacionales (World Health Organization,
2018).Estainvestigaciónbuscaaportar
evidencia actualizada que oriente estrategias
preventivas, políticas públicas y programas
comunitarios, contribuyendo a los objetivos de
la Agenda 2030, particularmente el ODS 3:
Salud y Bienestar (World Health Organization,
2018).
METODOLOGÍA
La población objetivo estuvo conformada
por estudiantes inscritos en instituciones
educativas de nivel preparatoria y universidad
endiferentesestadosdelaRepública
Mexicana. Se establecieron como criterios de
inclusión ser estudiante activo durante el
periodo de recolección de datos (marzo a
mayo de 2023), tener 15 años o más,
aceptar participarde forma
voluntaria mediante consentimiento digital y
responder la totalidad del cuestionario. Se
excluyeron registros incompletos o
respuestas duplicadas.
La muestra final se integró por 2,545
estudiantes de ambos sexos, con un rango de
edad de 15 a 63 años, una media de edad de
21.2 años y una desviación estándar de 7.3
años. Se incluyó población de distintos niveles
socioeconómicos, procedente de contextos
urbanos y semiurbanos, lo que permitió
obtener un panorama diverso de la población
estudiantil de nivel medio superior y superior.
Se empleó un muestreo no probabilístico de
tipo intencional y por conveniencia. El cálculo
mínimo de muestra se estableció
considerando un nivel de confianza del 95% y
un margen de error del 5%, superando
ampliamente el tamaño mínimo
recomendado para este tipo de estudios. La
invitación a participar se realizó mediante
redessociales,plataformas
institucionales, grupos estudiantiles y correo
electrónico, garantizando la confidencialidad y
el anonimato de los participantes.
La recolección de datos se realizó de forma
virtual, facilitando el acceso a estudiantes de
distintas regiones del país. Los investigadores
responsablesorganizaronladifusión,el
seguimiento y la validación de la base de datos
para asegurar la calidad de la información.
Para la recolección de información se
utilizó un cuestionario estructurado
compuesto por 27 preguntas cerradas y
semiabiertas. El instrumento se diseñó para
explorar variables clave: características
sociodemográficas (edad, género,
niveldeestudios,númerode
hermanos), conductas relacionadas con la
salud (frecuencia de actividad física, horas de
sueño, consumo de tabaco, alcohol y otras
sustancias), hábitosde alimentación
(percepciónde calidad de alimentación,
número de comidas diarias, consumo de agua)
y lugar habitual de atención médica.
Las variables principales se definieron de
forma conceptual y operativa. La frecuencia de
actividadfísicasemidióencategorías
ordinales (nunca, una vez por semana, dos
veces por semana, tres o más veces por
semana). La calidad de la alimentación se
reportó como buena, regular o mala según la
percepción del participante. El cuestionario se
revisó previamente a través de una prueba
piloto para garantizar la comprensión de cada
reactivo.
El cuestionario se aplicó de forma digital
mediante la plataforma Google Forms. Cada
participante debió aceptar un consentimiento
informado digital antes de comenzar. Para
evitar registros duplicados se habilitaron
restricciones de envío único. Finalizada la
recolección, los datos fueron descargados,
depurados y codificados en hojas de cálculo de
Excel y organizados para su posterior análisis.
Se realizaron procesos de revisión para
identificar inconsistencias y valores atípicos.
Las respuestas fueron agrupadas y organizadas
en una base de datos que permitió estructurar
tablas de frecuencia y medidas de tendencia
central y dispersión.
El estudio se llevó a cabo bajo un diseño no
experimental, transversal, observacional y de
tipoanalítico-descriptivo.Esteenfoque
permitió describir y analizar asociaciones entre
variables como frecuencia de actividad física,
prevalencia de sobrepeso u obesidad, calidad
de la alimentación, consumo de sustancias,
horas de sueño y tipo de institución médica a la
quelosparticipantesacudieron.La
metodología se alineó con el objetivo de
aportar información que sirva de base para
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generar propuestas de intervención orientadas
a la promoción de estilos de vida saludables en
la población estudiantil.
RESULTADOS
El presente estudio reunió información de
2,545 estudiantes de nivel preparatoria y
universidad de distintos estados de México,
con el propósito de analizar la relación entre la
prevalencia de sobrepeso u obesidad, la
frecuencia de actividad física, los hábitos de
alimentación, el consumo de agua y sustancias,
las horas de sueño y el lugar habitual de
atención médica.
Losresultadosquesepresentana
continuación describen de forma estructurada
y precisa la distribución porcentual de las
principales variables de interés y su relación
con la condición de sobrepeso u obesidad
reportada por los participantes. La información
se organiza en tablas descriptivas que
permiten visualizar claramente los patrones
encontrados en cada relación clave.
Cada tabla resume los datos más relevantes
del análisis estadístico descriptivo y ofrece una
base sólida para sustentar las conclusiones que
sedesarrollaránenladiscusión.Esta
presentaciónde resultadosse enfoca
exclusivamente en exponer los hallazgos de
forma objetiva, sin emitir interpretaciones
extensas, respetando la estructura científica
de un artículo de investigación.
En las siguientes páginas se muestra, tabla
por tabla, la distribución de frecuencias,
porcentajes y cruces entre variables como
grupo de edad, número de hermanos, horas de
sueño, frecuencia de actividad física, consumo
de sustancias y características del servicio de
atenciónmédica.Cadaunadeestas
dimensiones ofrece evidencia valiosa para
comprender mejor los factores que influyen en
los estilos de vida y la salud de la población
estudiantil mexicana.
Tabla 1
Distribución porcentual de sobrepeso/obesidad según grupo de edad
LaTabla1muestraladistribución
porcentual de los estudiantes encuestados
según grupo de edad y su condición de
sobrepeso u obesidad. Se observa que los
porcentajes se agrupan en cuatro rangos:
menores de 17 años, 17 a 18 años, 19 a 21 años
y mayores de 21 años.
De acuerdo con los datos obtenidos, el
grupo con mayor proporción de estudiantes
con sobrepeso u obesidad corresponde al
segmento de mayores de 21 años, que
concentra el 27.0% de los casos positivos
dentro de la muestra total. Le siguen de cerca
los grupos de 19 a 21 años (24.7%), menores de
17 años (24.4%) y 17 a 18 años (23.9%).
En contraste, la proporción de estudiantes
sin sobrepeso u obesidad crece de forma
importante a medida que aumenta la edad. En
el grupo de mayores de 21 años, el 46.5% de
los estudiantes reportó no presentar
sobrepeso, en comparación con solo 14% en el
grupo de menores de 17 años. Esta
distribución sugiere que, en esta población, el
exceso de peso tiene una alta prevalencia en
las etapas iniciales de la juventud y tiende a
mostrar cierta reducción en quienes superan
los 21 años, aunque se mantienecomo un
problema relevante en todos los rangos
etarios.
Estepatróncoincideconhallazgos
nacionales reportados en la Encuesta Nacional
de Salud y Nutrición (ENSANUT, 2023), la cual
destaca que en México los adolescentes y
jóvenes adultos presentan altos niveles de
sobrepeso y obesidad desde etapas
tempranas, resultado de una combinación de
factores como la mala alimentación, el
sedentarismo y la falta de hábitos
preventivos (ENSANUT, 2023). Estudios como
los de Barquera et al. (2020) y Rivera-
Dommarco et al. (2018)
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advierten que esta prevalencia alta en edades
jóvenes es preocupante, ya que favorece la
progresión a enfermedades crónicas en etapas
posteriores de la vida.
Asimismo, la Organización Mundial de la
Salud (2020) ha señalado que la tendencia
mundial muestra que los grupos adolescentes
y jóvenes están cada vez más expuestos
a factores de riesgo como el consumo elevado
de alimentos ultraprocesados y la disminución
de la actividad física. En este sentido, la
distribución por edad observada en la muestra
estudiada refleja un fenómeno que se alinea
con la literatura internacional: el sobrepeso ya
no es exclusivo de adultos mayores, sino que
afecta a población escolar y universitaria,
consolidándosecomoundesafío
intergeneracional.
En resumen, la Tabla 1 confirma que el
sobrepeso y la obesidad son problemas
persistentes y transversales en todos los
grupos de edad de la muestra, con una
carga significativa en estudiantes jóvenes.
Estos resultados respaldan la necesidad de
fortalecer acciones preventivas específicas
para los primeros años de vida académica
y de formaciónprofesional,
etapaclavepara
adoptar hábitos de autocuidado y estilos de
vida saludables.
Tabla 2
Distribución porcentual de sobrepeso/obesidad y número de hermanos
LaTabla2presentaladistribución
porcentual de los estudiantes encuestados
según el número de hermanos que reportaron
tener y su condición de sobrepeso u obesidad.
Seorganiza en cuatro categorías:sin
hermanos, uno, dos y más de tres hermanos.
Los datos muestran que el grupo más
numerosoconsobrepesouobesidad
corresponde a losestudiantes condos
hermanos, que representan el 45.6% de los
casos, seguidos por aquellos con un solo
hermano (37.7%) y, en menor medida, por
quienes tienen más de tres hermanos (9.2%) o
no tienen hermanos (7.5%). En comparación,
los estudiantes sin sobrepeso muestran un
patrónsimilar: el mayor porcentaje se
encuentra en quienes tienen dos hermanos
(46.6%), seguido de uno (34.1%), más de tres
hermanos (11.2%) y sin hermanos (8.1%).
Estos resultados sugieren que el número de
hermanos no muestra una diferencia drástica
en la probabilidad de presentar sobrepeso u
obesidad, pero sí refleja una tendencia que
coincide con la estructura familiar típica de la
población estudiantil: la mayoría de los
encuestados pertenece a familias nucleares
pequeñas, de uno o dos hijos.
Aunque la relación directa entre número de
hermanos y sobrepesono es lineal ni
determinante, algunas investigaciones señalan
que la estructura familiar puede influir
indirectamente en los hábitos de alimentación
y estilo de vida. Por ejemplo, López-Olmedo et
al. (2021) destacan que en familias
numerosaslosrecursos económicos,la
disponibilidad de alimentos saludables y la
supervisión de hábitos tienden a distribuirse
de forma distinta que en familias con pocos
hijos, lo que podría modificar la calidad de la
dieta y la actividad física.
Por otro lado, estudios previos como los de
Barquera et al. (2020) sostienen que factores
como la organización familiar, la carga de
cuidados y la dinámica de convivencia afectan
la distribución de alimentos, la regularidad de
comidasylasupervisióndehábitos,
especialmente cuando ambos padres trabajan
y los hermanos mayores tienen roles de
cuidado. Sin embargo, este patrón no se refleja
de forma concluyente en la muestra actual,
ya que el predominio del sobrepeso es casi
igual en los
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grupos con uno y dos hermanos, sin
diferencias estadísticas marcadas.
La ENSANUT (2023) también enfatiza que el
entorno familiar y la convivencia juegan un
papel fundamental en el establecimiento
de rutinas de alimentación, actividad físicay
ocio, factores todos que inciden en el
riesgo de exceso de peso, pero no de forma
aislada, sino en combinación con aspectos
económicos, escolares y sociales.
En conclusión, la Tabla 2 indica que el
númerodehermanosnomuestrauna
asociación determinante por sí solo para
explicarla prevalencia de sobrepesou
obesidad en la población estudiantil analizada,
pero ofrece una variable interesante para
entender las dinámicas familiares que pueden
influir indirectamente en el desarrollo de
hábitos de vida saludable o en la exposición a
factores de riesgo.
Tabla 3
Distribución porcentual de sobrepeso/obesidad y horas de sueño
LaTabla3muestraladistribución
porcentual de estudiantes según la cantidad de
horas de sueño promedio y su condición de
sobrepeso u obesidad. Los datos se agrupan en
cuatro categorías: menos de 7horas,
exactamente 7 horas, 8 horas y más de 8 horas
diarias de sueño.
Losresultadosevidencianunpatrón
interesante: el mayor porcentaje de
estudiantes con sobrepeso u obesidad se
concentra en quienes duermen 8 horas
diarias (34.3%), seguido por quienes duermen
7 horas (27.0%) y menos de 7 horas (25.9%).
El grupo con menor proporción de sobrepeso
corresponde a quienes reportan dormir
más de8 horas(12.7%).
En contraste, dentro de la población sin
sobrepeso u obesidad, la mayoría duerme
menos de 7 horas (36.5%), seguido por quienes
duermen 7 horas (27.8%), 8 horas (26.5%) y
más de 8 horas (9.2%).
Este patrón sugiere una relación no lineal
entre la cantidad de sueño y la prevalencia de
sobrepeso u obesidad: dormir demasiado poco
o en exceso pueden relacionarse de forma
indirecta con riesgos para la salud, pero la
franja de 8 horas de sueño, que en teoría es la
recomendada como promedio para jóvenes
adultos, agrupa la mayor proporción de
estudiantes con exceso de peso.
Estaaparentecontradiccióntiene
explicaciónen estudiosprevios. La
Organización Mundial de la Salud (2020) y
autores como Ramírez-Villalobos et al. (2022)
advierten que, si bien dormir entre 7 y 9 horas
es óptimo para la salud general, en jóvenes con
malos hábitos de alimentación, sedentarismo y
consumo de sustancias, el solo hecho de
dormir el tiempo “recomendado” no garantiza
una protección efectiva contra el sobrepeso. La
calidad del sueño, los horarios irregulares y la
falta de actividad física durante el día influyen
tanto como la duración total.
Eninvestigacionesrecientes,seha
documentado que la privación crónica de
sueño (<7 horas) se asocia con alteraciones
hormonales (leptina y grelina) que aumentan
el apetito y favorecen la ganancia de peso
(Barqueraet al., 2020). Sin embargo, dormir en
exceso (>8 horas) también puede reflejar un
estilo de vida sedentario o una baja actividad
diaria, factores queindirectamente
contribuyen a mayor riesgo de obesidad,
aunque en esta muestra quienes duermen
más de 8 horas representan la franja más baja
con exceso de peso (12.7%).
Además, la literatura plantea que los
estudiantes con rutinas académicas exigentes
tienden a recortar horas de sueño y compensar
con siestas, lo que no necesariamente mejora
la calidad de descanso ni previene la ganancia
de peso (ENSANUT, 2023). Por ello, la variable
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“horas de sueño” debe entenderse en
conjunto con otras variables clave:
frecuencia de actividad física, consumo de
calorías y hábitos de consumo de sustancias.
En conclusión, la Tabla 3 revela que la
duración del sueño por sí sola no es un factor
determinante único, pero refleja una parte
importante de la dinámica de autocuidado y
organización de la población estudiantil. Estos
hallazgos confirman que para prevenir el
sobrepeso no basta con dormir “lo suficiente”
en términos de cantidad, sino que es necesario
integrarsueñoreparador,alimentación
equilibrada y actividad física regular.
Tabla 4
Distribución porcentual de sobrepeso/obesidad y realización de actividad física
LaTabla4presentaladistribución
porcentual de estudiantes de nivel
preparatoria y universidad según su condición
de sobrepeso u obesidad y su realización de
actividad física. Los datos se organizan en
dos categorías principales: quienes no
realizan ninguna actividad física y quienes sí
realizan actividad física de forma regular.
Losresultadosrevelanunpatrón
contundente: el 62.2% de quienes no realizan
actividad físicapresentan sobrepesou
obesidad, frente a un 37.8% de este grupo que
no muestra exceso de peso. Por el contrario,
entre quienes sí practican actividad física, solo
el 26.2% reporta tener sobrepeso u obesidad,
mientras que el 73.8% mantiene un peso
normal o saludable.
Esta diferencia notable respalda la hipótesis
principal del estudio: la actividad física
frecuente funciona como un factor protector
frente a la ganancia excesiva de peso. Los
datos confirman que la práctica de ejercicio
está estrechamente vinculada con menores
tasas de exceso de peso, al menos en esta
muestra de población estudiantil.
Estos hallazgos coinciden con la evidencia
científica global. La Organización Mundial de la
Salud (2020) y su Global Action Plan on Physical
Activity enfatizan que la falta de ejercicio es
uno de los principales factores de riesgo
modificables para prevenir la obesidad y
enfermedades crónicas asociadas. A nivel
nacional, la ENSANUT (2023) reporta que los
bajosnivelesdeactividadfísicaen
adolescentes y jóvenes mexicanos secombinan
con unaalta prevalencia dedietas
hipercalóricas,sedentarismoyconsumo
excesivo de bebidas azucaradas, reforzando el
círculo de riesgo.
Diversos estudios realizados en población
universitaria, como el de Martínez-Hernández
et al. (2022), también destacan que los
estudiantes físicamente activos suelen mostrar
mejores indicadores de salud, menor índice de
masa corporal (IMC) y mejor percepción de su
estado físico y mental. Por su parte, Barquera
et al. (2020) señalan que la disminución del
tiempo de actividad física en México se asocia
con el aumento de la urbanización, los
traslados prolongados, la preferencia por
actividadessedentariasylafaltade
infraestructura segura para realizar ejercicio.
La relación inversa entre actividad física y
sobrepeso observada en esta muestra es
coherente con la recomendación internacional
de acumular al menos 150 a 300 minutos de
actividad aeróbica moderada a la semana para
mantener un peso saludable. En estudiantes, la
falta de motivación, la sobrecarga académica y
el acceso limitado a instalaciones deportivas
son barreras frecuentes que perpetúan la
inactividad.
En síntesis, la Tabla 4 destaca uno de los
hallazgos más relevantes del estudio: la
actividad física se confirma como una variable
clave para reducir la prevalencia de sobrepeso
uobesidadenlapoblaciónescolary
universitaria. Este resultado respalda la
urgencia de implementar políticas públicas y
estrategias educativas quepromuevan
entornos que faciliten la práctica regular de
ejercicio, dentro y fuera del ámbito escolar.
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Tabla 5
Distribución porcentual de sobrepeso/obesidad y frecuencia de actividad física semanal
LaTabla5muestraladistribución
porcentual de estudiantes según la frecuencia
semanal de actividad física y su condición de
sobrepeso u obesidad. Se establecieron cuatro
categorías: quienes nunca realizan actividad
física, quienes lo hacen una vez a la semana,
dos veces a la semana y tres o más veces a la
semana.
Los resultados confirman una tendencia
clara: la mayor proporción de estudiantes con
sobrepeso u obesidad se concentra en quienes
realizan tres o más sesiones de actividad física
por semana (40.1%), seguidos de quienes
hacen ejercicio dos veces (20.1%), nunca
(21.4%) o una vez (18.4%).
Sin embargo, al comparar con la población
sin sobrepeso u obesidad, el patrón evidencia
que el 54% de los estudiantes que realizan tres
o más sesiones semanales mantiene un peso
saludable, mientras que solo el 15.9% de
quienes nunca realizan actividad física se
encuentra sin sobrepeso. Es decir, aunque
proporcionalmente hay estudiantes con
exceso de peso incluso entre quienes
declaran ejercitarsecon frecuencia, la mayoría
dentro de este grupo se ubica en el rango
saludable.
Este contraste refuerza la idea de que una
mayor frecuencia de actividad física es un
factor protector importante, coherente con la
hipótesisdelestudio.Laevidencia
internacional respaldaeste hallazgo:la
Organización Mundial de la Salud (2020)
establece que acumular entre 150 y 300
minutos semanales de actividad física aeróbica
moderada o al menos 75 minutos de actividad
vigorosa es esencial para prevenir el exceso de
peso y otras enfermedades no transmisibles.
Sin embargo, no basta con la cantidad de
sesiones: la intensidad, la duración real y la
constancia de la práctica son determinantes
clave (WHO, 2018).
Estudios como el de Martínez-Hernández et
al. (2022) en población universitaria mexicana
encontraronresultadossimilares:los
estudiantes que practican ejercicio tres o más
veces a la semana tienen mejores indicadores
de composición corporal, menor índice de
masa corporal (IMC) y mejor percepción de
salud general. Sin embargo, la efectividad de
la actividad física depende de la regularidad, el
tipodeejercicio(aeróbico,defuerza,
recreativo) y su integración con hábitos de
alimentación saludable.
Este resultado sugiere que no todos los
estudiantes que reportan actividad física
frecuente necesariamente realizan ejercicio
con la intensidad o regularidad requerida para
impactar de forma contundente su peso
corporal. Además, otros factores como el
exceso de calorías, la mala calidad de la dieta o
el sedentarismo prolongado en actividades
diarias pueden contrarrestar los beneficios de
la práctica física (ENSANUT, 2023; Barquera et
al., 2020).
En síntesis, la Tabla 5 confirma que, aunque
la frecuencia de actividad física es clave, debe
ir acompañada de buenos hábitos
alimentarios, manejo adecuado de calorías y
reducción del tiempo sedentario para
maximizar su efecto protector contra el
sobrepeso y la obesidad. El hallazgo subraya la
importancia de promover programas
escolares y comunitarios que impulsen no
solo el número de sesiones, sino su calidad y
sostenibilidad a largo plazo.
Tabla 6
Distribución porcentual de sobrepeso/obesidad y consumo semanal de vasos de agua
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LaTabla6presentaladistribución
porcentual de estudiantes según la cantidad de
vasos de agua consumidos a la semana y su
condición de sobrepeso u obesidad. Los datos
se agrupan en cuatro categorías: menos de 7
vasos por semana, entre 7 y 14 vasos, entre 15
y 30 vasos, y más de 31 vasos semanales.
Elanálisismuestraunadistribución
relativamente uniforme entre los grupos, sin
diferencias porcentuales drásticas. Dentro del
grupo con sobrepeso u obesidad, el porcentaje
más alto corresponde a quienes consumen
entre7 y 14 vasos de aguapor semana(26.1%),
seguido por quienes toman más de 31 vasos
(25.2%), menos de 7 vasos (24.2%) y de 15 a 30
vasos (24.5%).
En contraste, entre quienes no presentan
sobrepeso u obesidad, el grupo con mayor
porcentaje se ubica en quienes consumen
entre 15 y 30 vasos de agua (27.2%), seguido
de cerca por quienes beben menos de 7
vasos (25.3%), de 7 a 14 vasos (24.0%) y más de
31 vasos (23.5%).
Esta distribución revela que, en esta
muestra, no existe una relación directa ni lineal
entre mayor consumo de agua y menor
prevalencia de sobrepeso, pero sí sugiere una
leve tendencia a que quienes reportan un
consumo de agua dentro del rango medio (15 a
30 vasos) presentan porcentajes más altos de
peso saludable en comparación con extremos
bajos o muy altos.
Estudios como los de Barquera et al. (2020)
señalan que la hidratación adecuada es un
componente relevante en la regulación del
peso corporal, principalmente porque ayuda a
controlar la saciedad y a sustituir bebidas
calóricascomojugosindustrializadosy
refrescos. Sin embargo, la calidad de los
líquidos y los hábitos dietéticos generales son
igual o más importantes que la cantidad de
agua pura consumida.
La ENSANUT (2023) confirma que gran parte
de la población mexicana, especialmente niños
y adolescentes, muestra una preferencia por
bebidas azucaradas y no cubre las
recomendaciones de ingesta de agua simple, lo
que incrementa el riesgo de ganancia de peso y
enfermedades metabólicas. No obstante, este
riesgo se amplifica cuando el bajo consumo de
agua se combina con mala calidad de dieta,
sedentarismo y horarios de alimentación
irregulares.
Autores como López-Olmedo et al. (2021)
destacanqueunaestrategiaclavepara
controlar el exceso de peso es fomentar la
sustitución de refrescos y bebidas endulzadas
por agua potable, reforzada con educación
alimentariay disponibilidad de agua de calidad
en escuelas y espacios comunitarios.
Así, la Tabla 6 indica que, si bien el
consumo de agua es importante, por sí solo no
muestra una asociación fuerte ni suficiente
paraexplicardiferenciasclarasenla
prevalencia de sobrepeso en la población
estudiantil analizada. Este hallazgo refuerza la
necesidad de abordar la hidratación como
parte de un paquete integral de hábitos
saludables: alimentación equilibrada,
actividad física y reducción de calorías
líquidas.
Tabla 7
Distribución porcentual de sobrepeso/obesidad y calidad de la alimentación
LaTabla7muestraladistribución
porcentual de estudiantes según su percepción
de la calidad de su alimentación y su condición
de sobrepeso u obesidad. Se organizaron tres
categorías: alimentación buena, regular y
mala, de acuerdo con la autovaloración de
cada participante.
Los datos revelan una diferencia clara entre
los grupos: la gran mayoría de estudiantes con
sobrepeso u obesidad califica su alimentación
como regular (75.1%), mientras que solo el
12.6% reporta tener una alimentación buena, y
otro 12.3% reconoce abiertamente tener una
alimentación mala.
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En contraste, entre quienes no presentan
sobrepeso u obesidad, la distribución muestra
que un 34.7% percibe su alimentación como
buena, un 61.1% como regular y apenas un
4.2% como mala.
Estepatrónconfirmalarelación
ampliamente documentada entre la calidad de
la dieta y la prevalencia de exceso de peso:
quienes reportan hábitos alimentarios más
saludables tienden a mantener un peso
normal, mientras que quienes
identificansu alimentacióncomo
regularo deficiente muestran
mayor prevalencia de sobrepeso.
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición
(ENSANUT, 2023) señala que en México la
mayoría de adolescentes y jóvenes consume
dietas hipercalóricas, pobres en verduras,
leguminosas y frutas, y ricas en azúcares
añadidos y bebidas industrializadas. Esta
tendencia coincide con los resultados de la
Tabla 7, donde la categoría “regular” es
dominante y refleja la falta de hábitos óptimos
de alimentación.
Autores como Barquera et al. (2020)
advierten que la percepción de “regular”
muchas veces se asocia con patrones de
alimentacióndesequilibrados:omisiónde
comidas, consumode alimentos
ultraprocesados, bajo consumo de agua y
vegetales y exceso de calorías líquidas. La
Organización Mundial de la Salud (2020)
también enfatiza que la mala calidad de la
dieta es uno de los principales
determinantes modificables del sobrepeso,
especialmente cuando se combina con
inactividad física y otras conductas de riesgo.
Cabe destacar que, aunque solo el 12% del
grupo con sobrepeso califica su dieta como
“mala”, es posible que exista subestimación o
falta de conciencia alimentaria. Martínez-
Hernández et al. (2022) documentaron en
población universitaria mexicana que muchos
estudiantes perciben su alimentación como
“regular” aunque incumplen recomendaciones
básicas de balance nutricional.
En conjunto, la Tabla 7 muestra que la
percepción de una alimentación buena se
asocia con menor prevalencia de sobrepeso,
pero que existe un amplio margen de
estudiantes que normalizan una dieta regular o
deficiente. Este hallazgo refuerza la necesidad
de educación alimentaria sólida desde etapas
tempranas, para fortalecer la conciencia sobre
la calidad de la dieta y su impacto en el peso
corporal.
Tabla 8
Distribución porcentual de sobrepeso/obesidad y número de comidas diarias
LaTabla8muestraladistribución
porcentual de estudiantes según el número de
comidas diarias que declararon consumir y su
condición de sobrepeso u obesidad. Los datos
se organizan en tres categorías: quienes comen
menos detres veces al día, quienes realizan
tres comidas diarias y quienes reportan hacer
más de tres comidas al día.
Losresultadosrevelanunpatrón
interesante: el 54.9% de los estudiantes con
sobrepeso u obesidad reporta consumir tres
comidas al día, seguido por un 33.6% que
come menos de tres veces y un 11.6% que hace
más de tres comidas diarias.
En contraste, entre quienes no presentan
sobrepeso u obesidad, más de la mitad (55.0%)
también realiza tres comidas diarias, pero
destaca que un mayor porcentaje (23.0%)
realiza más de tres comidas, mientras que solo
el 22.0% come menos de tres veces al día.
Este hallazgo confirma una tendencia
documentada en estudios de nutrición: omitir
comidas principales o reducir su número diario
no necesariamente contribuye a un peso
saludable; por el contrario, puede estar
asociadoconpatronesdealimentación
irregulares, picos de hambre, ingesta calórica
elevada en horarios nocturnos o preferencia
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porsnacksultraprocesados(ENSANUT,
2023).
Autores como Barquera et al. (2020)
destacan que saltar comidas principales se
relaciona con una mayor probabilidad de ganar
peso, debido a desequilibrios hormonales y
desajustes en la distribución calórica del día. La
Organización Mundial de la Salud (2020)
enfatiza que una distribución adecuada de las
comidas a lo largo del día ayuda a regular el
apetito, optimizar el metabolismo y evitar
atracones o consumo excesivo de calorías en
una sola toma.
El dato de que quienes consumen más de
trescomidasdiariaspresentanmenor
prevalencia de sobrepeso u obesidad (11.6%
vs. 23% en quienes no tienen sobrepeso)
respalda esta premisa: cuando las comidas
están bien distribuidas y supervisadas (por
ejemplo, desayuno, comida, cena y colaciones
saludables), es más probable que se mantenga
un balance calórico y se evite la ingesta
excesivade alimentoshipercalóricosen
horarios desordenados (Martínez-Hernández
et al., 2022).
Sin embargo, es importante considerar que
la variable número de comidas debe analizarse
junto con la calidad de la dieta. Realizar más
comidas al día no implica automáticamente
mejores hábitos si la mayoría de estas consiste
enproductosultraprocesadosobebidas
azucaradas.
En síntesis, la Tabla 8 confirma que realizar
menos de tres comidas diarias se asocia con
mayor prevalencia de sobrepeso, mientras que
mantener al menos tres tomas principales bien
equilibradas,yenalgunoscasos
complementarlas con colaciones saludables,
favorece un peso más estable. Este hallazgo
refuerza la recomendación de diseñar planes
de alimentación regulares y educar a los
estudiantes sobre la importancia de no omitir
comidas principales como parte de una
estrategia integral de prevención del exceso de
peso.
Tabla 9
Distribución porcentual de sobrepeso/obesidad y consumo de tabaco
LaTabla9muestraladistribución
porcentual de estudiantes según su historial de
consumo de tabaco y su condición de
sobrepeso u obesidad. Se dividieron en dos
grupos: quienes nunca han fumado y quienes
reportaron que sí han fumadoalguna vez.
Los resultados indican que el 65.1% de los
estudiantes con sobrepeso u obesidad nunca
ha fumado, mientras que el 34.9% sí tiene
antecedente de consumo detabaco. En el
grupo sin sobrepeso u obesidad, la mayoría
(71.2%) nunca ha fumado y el 28.8% sí ha
fumado.
Estos datos reflejan que la mayoría de los
estudiantes, tanto con como sin sobrepeso,
nunca ha tenido contacto con el tabaco. No
obstante,elporcentajedeconsumoes
ligeramente mayor en quienes presentan
exceso de peso (34.9% vs. 28.8%), lo cual
sugiere una posible asociación indirecta entre
el hábito de fumar y la presencia de sobrepeso
en población estudiantil.
La relación entre tabaco y obesidad es
compleja y ha sido ampliamente debatida en la
literatura científica. Tradicionalmente se ha
asociado el hábito de fumar con menor peso
corporal debido a efectos metabólicos de la
nicotina, que reduce el apetito y eleva
ligeramenteelgastoenergéticobasal
(Barquera et al.,2020).Sinembargo,
investigaciones recientes señalan que, en
adolescentes y jóvenes, esta relación no
siempre se sostiene de forma directa. La
Organización Mundial de la Salud (2020)
advierte queel consumo detabaco coexiste con
otros factores de riesgo: dietas hipercalóricas,
bajo nivel de actividad física y mayor consumo
de alcohol, todos asociados con exceso de
peso.
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Además, estudios como los de Puhl &
Heuer (2010) subrayan que muchos jóvenes
combinan el tabaquismo con malos hábitos
alimenticios y rutinas de sueño inadecuadas, lo
que puede anular el posible “efecto supresor”
de la nicotina. Por otro lado, la ENSANUT
(2023) identifica que en México el inicio
temprano del tabaquismo se relaciona con
patrones de ocio sedentario, consumo de
comida rápida y bebidas azucaradas.
Es importante destacar que, aunque el
consumo de tabaco puede reducir el peso a
corto plazo, los fumadores tienen un riesgo
más alto de enfermedades metabólicas y
cardiovasculares, que se potencia cuando hay
sobrepeso u obesidad coexistente. Por ello,
esta relación no debe interpretarse como
causal ni como protectora, sino como parte
de un estilodevidapoco
saludablequese retroalimenta de
varios factores.
En síntesis, la Tabla 9 muestra que el
consumo de tabaco, aunque no es el factor
principal, sí aparece en una proporción
ligeramente mayor entre estudiantes con
sobrepeso u obesidad, reforzando la idea de
que los comportamientos de riesgo suelen
presentarse de forma conjunta. Este hallazgo
destaca la necesidad de políticas integrales de
prevención que aborden de forma simultánea
tabaquismo, alimentación, actividad física y
autocuidado.
Tabla 10
Distribución porcentual de sobrepeso/obesidad y lugar de atención médica
La Tabla 10 muestra la distribución
porcentual de estudiantes según su lugar de
atención médica habitual y su condición de
sobrepeso u obesidad. Se incluyeron seis
categorías: IMSS, ISSSTE, SSA (Secretaría de
Salud),consultorioprivado,farmacia
(consultoriosanexos) yotro (clínicas
universitarias, seguro popular u opciones
mixtas).
Los datos revelan que el 40.5% de los
estudiantes con sobrepeso u obesidad recibe
atención médica principalmente en el IMSS,
seguido por consultorios privados (25.7%),
SSA (12.2%), ISSSTE (9.3%), farmacias
(8.3%) y otras opciones (4.0%).
En el grupo de estudiantes sin sobrepeso u
obesidad, se mantiene un patrón similar: la
mayor proporción también se atiende en el
IMSS (35.1%), consultorios privados (28.0%),
SSA (14.3%), farmacias (9.2%), ISSSTE
(8.4%) y otros (5.0%).
Estos datos confirman que el IMSS y los
consultorios privados concentran la mayor
demandadeatenciónmédicaentrela
población estudiantil, sin importar la condición
de sobrepeso. Sin embargo, se observa una
proporción ligeramente mayor de estudiantes
con sobrepeso u obesidad en instituciones
públicas como IMSS y SSA, mientras que
quienes acuden a consultorios privados y
farmacias muestran una distribución algo más
equilibrada entre quienes tienen o no exceso
de peso.
Estepatrónreflejalascaracterísticas
estructurales del sistema de salud en México.
Según ENSANUT (2023) y Rivera-Dommarco et
al. (2018), el IMSS atiende a la mayoría de la
población con empleo formal o beneficiarios
familiares, mientras que la SSA brinda
cobertura principalmente a población sin
seguridad social. Los consultorios privados y
farmacias representan una opción accesible,
rápida y complementaria, especialmente para
problemas comunes o consultas rápidas.
En relación con la obesidad, estudios como
Barquera et al. (2020) advierten que los
servicios públicos suelen centrarse en la
atención curativa, mientras que la prevención
de enfermedades crónicas y la promoción de
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hábitos saludables todavía tienen espacios
limitados. Esto coincide con el hallazgo de que
los estudiantes con sobrepeso recurren en
mayor proporción a instituciones públicas
(IMSS y SSA).
En contraste, la atención en consultorios
privados suele asociarse a población con
mayores recursos o con acceso más frecuente
a consultas preventivas y de seguimiento, lo
que podría explicar por qué una mayor
proporción de usuarios de estos servicios se
encuentra en el grupo sin sobrepeso u
obesidad. Sin embargo, este dato debe
analizarsecon cautela, ya que la relación entre
tipo de servicio y peso corporal también
depende de factores como hábitos
individuales, entorno socioeconómico y
disponibilidad de programas de promoción de
la salud (WHO, 2020).
En síntesis, la Tabla 10 confirma que la
mayoría de los estudiantes confía su cuidado
de salud a instituciones públicas, pero la
orientación preventiva en estos espacios aún
requiere fortalecerse para impactar de forma
efectiva en la reducción del sobrepeso y la
obesidad.
DISCUSIÓN
Los hallazgos de este estudio permiten
confirmarque la relación entreactividad física,
hábitos alimentarios, consumo de sustancias,
sueñoyatenciónmédicasiguesiendo
determinante en la prevalencia de sobrepeso y
obesidad entre estudiantes de preparatoria
y universidad en México. Al analizar las tablas
generadas, seobserva que factores
conductuales y ambientales interactúan de
forma compleja, reproduciendo patrones de
riesgo que ya han sido documentados en
estudios previos anivel nacionale
internacional(Barqueraet al., 2020;
ENSANUT, 2023; WHO, 2020).
Un aspecto clave que refuerza la hipótesis
original es el impacto protector de la actividad
física regular. Las Tablas 4 y 5 muestran que
quienes realizan ejercicio de forma frecuente
—particularmente tres o más veces por
semana— presentan menor prevalencia de
sobrepeso u obesidad. Este hallazgo es
coherente con la evidencia global de la
Organización Mundial de la Salud (2020) y su
Global Action Plan on Physical Activity, que
subraya que la inactividad física representa
uno de los principales factores de riesgo
modificables para enfermedades crónicas no
transmisibles. Además, confirma tendencias
locales encontradas por Martínez-Hernández
et al. (2022), quienes observaron que los
estudiantes universitarios activos físicamente
presentan mejores indicadores metabólicos,
menor índice de masa corporal y mejor
percepción de bienestar emocional.
Noobstante,losresultadostambién
muestran que una parte de los estudiantes que
realiza actividad físicafrecuentesigue
reportando exceso de peso. Esta situación
puede explicarse por la interacción de otros
factores: calidad de la alimentación, tipo de
ejercicio, duración real de cada sesión y
consistencia semanal. La ENSANUT (2023)
advierte que en México la mayoría de los
adolescentes combina rutinas de ejercicio
esporádicas con dietas altas en calorías,
consumo elevado de bebidas azucaradas y
horarios de comida desorganizados.
La relación entre calidad de la dieta y
exceso de peso, mostrada en la Tabla 7,
refuerza la importancia de la percepción y la
educación alimentaria. El hallazgo de que la
mayoría de estudiantes con sobrepeso califica
su alimentación como "regular" coincide con lo
reportado por Barquera et al. (2020) y por la
ENSANUT, que destacan que en México
existe una normalización de patrones de
consumo poco saludables, como desayunos
incompletos, exceso de snacks
ultraprocesados y bajo consumo de verduras y
leguminosas. La percepción
subjetivade“alimentación regular” suele
reflejardesconocimientodelas
recomendaciones nutricionales o poca
reflexión crítica sobre los hábitos diarios
(Rivera-Dommarco et al., 2018).
Asimismo, la Tabla 8 sobre el número de
comidas diarias evidencia un patrón que
respalda lo señalado por la OMS (2020): saltar
comidas principales o reducir su número diario
suele producir desajustes en la regulación del
apetito y favorecer atracones. Esto puede
derivar en un balance calórico positivo a lo
largo del día, contribuyendo al aumento de
peso. En la muestra analizada, quienes realizan
menosdetrescomidasconcentranun
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porcentaje considerabledesobrepeso,
mientras que quienes reportan más de tres
comidas suelen presentar mejor control de
peso, alineándosecon hallazgos deLópez-
Olmedo et al. (2021).
Otro hallazgo interesante es la relación
entre consumo de sustancias, particularmente
tabaco, y exceso de peso (Tabla 9). A pesar de
la creencia extendida de que fumar reduce el
peso corporal, la evidencia sugiere lo contrario
en población joven: los estudiantes que han
fumado muestran un ligero aumento en la
proporción de sobrepeso, lo que coincide con
Puhl & Heuer (2010) y Ramírez-Villalobos et al.
(2022), quienes destacan que en jóvenes el
consumo de tabaco no sustituye otros factores
deriesgoysuelecombinarsecon
sedentarismo, patrones de ocio nocturno, falta
de sueño reparadory malas elecciones
alimentarias.
La relación con el sueño (Tabla 3) ofrece
otra arista para reflexionar. Aunque dormir
entre 7 y 9 horas es el rango recomendado
(WHO, 2020), los resultados muestran que
inclusoquienescumplenestacantidad
presentan tasas significativas de sobrepeso.
Esto puede deberse a la baja calidad del
descanso, la irregularidad de horarios o el uso
excesivo de dispositivos electrónicos antes de
dormir, aspectos que influyen en la secreción
de hormonas reguladoras del hambre como la
leptina y la grelina (Barqueraet al., 2020). Esto
refuerza la necesidad de incluir el componente
de educación del sueño en las intervenciones
integrales de salud.
Respecto al lugar de atención médica (Tabla
10), los hallazgos muestran que la mayoría de
los estudiantes, tanto con como sin sobrepeso,
se atienden en el IMSS o consultorios
privados. Esta dualidad refleja la dependencia
del sector público y la búsqueda de atención
complementaria en el privado. Estudios como
Rivera-Dommarco et al. (2018) señalan que la
falta de un enfoque preventivo sólido en la
atención pública limita la efectividad de los
servicios para modificar estilos de vida. La
OMS(2020)enfatizaquereforzarla
orientaciónpreventiva y la consejería
nutricional dentro del primer nivel de atención
es clave para revertir la epidemia de obesidad
en grupos jóvenes.
Estos hallazgos deben ser interpretados
considerando varias limitaciones. El diseño
transversalimpideestablecercausalidad
directa.El cuestionario
autoadministrado puede subestimar
o sobreestimar respuestas sensibles, como
frecuencia de actividad física, calidad de la
alimentación o consumo de tabaco y alcohol.
Además, el muestreo por conveniencia limita
la generalización a toda la población
estudiantil de México. Pese a ello, la robustez
de la muestra (n=2,545) y la diversidad
geográfica ofrecenuna aproximación útil a
la realidad actual.
Parafuturostrabajos,serecomienda
explorar en mayor detalle el impacto de
variables como elestrés académico,la
disponibilidadde infraestructuraparala
práctica de deporte, la influencia de la familia y
el entorno digital sobre los hábitos de los
estudiantes. Estudios longitudinales
permitirían observar la evolución de estos
factores alo largode la trayectoria
universitaria y generar evidenciapara
intervenciones más específicas (Martínez-
Hernández et al., 2022; Ramírez-Villalobos et
al., 2022).
Finalmente, los resultados subrayan la
necesidad de acciones integrales que
combinen políticas públicas de regulación de
alimentos ultraprocesados,promoción
deespacios seguros para la
actividad física, formación de redes de apoyo
escolar y estrategias de orientación
alimentaria continua. Todo esto se alinea
conlosObjetivos de Desarrollo
Sostenible de la Agenda 2030, particularmente
el ODS 3: Salud y Bienestar (WHO, 2018).
En síntesis, este estudio aporta evidencia
actualsobrelosmúltiplesfactoresque
interactúan en la construcción de hábitos
saludables y su impacto en la prevalencia de
sobrepeso y obesidad en población joven.
Reafirma que la promoción de estilos de vida
saludables debe ser una prioridad transversal
para el sistema educativo, el sector salud y la
comunidad.
CONCLUSIONES
Los resultados de este estudio confirman
que la actividad física frecuente, la calidad de
la alimentación, la distribución adecuada de las
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Palacios Can, H. E., & Reynoso Garduño, A. M.
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comidas y la adopción de hábitos saludables
son factores clave para prevenir y reducir la
prevalencia de sobrepeso y obesidad en
estudiantes de nivel medio superior y superior
enMéxico.Loshallazgosrespaldanla
hipótesis inicial, demostrando que quienes
realizan ejercicio de forma regular, perciben su
dieta como buena y mantienen rutinas de
alimentación organizadas tienden a presentar
menor exceso de peso, mientras que la
inactividad, la mala calidad de la dieta y los
patrones alimentarios irregulares se asocian
con mayores tasas de sobrepeso u obesidad.
Estos resultados refuerzan la evidencia
nacional e internacional que destaca la
importancia de promover estilos de vida
activos y saludables, tal como señalan la
ENSANUT, la Organización Mundial de la
Salud y diversos autores que abordan la
relación entre hábitos cotidianos y salud
metabólica. Asimismo, el estudio muestra que,
aunque la mayoría de los estudiantes cuenta
con algún tipo de atención médica, el enfoque
sigue siendo predominantemente curativo y
no preventivo, lo que limita su impacto real en
la modificación de estilos de vida de riesgo.
Entre las implicancias prácticas, destaca la
necesidad de fortalecer las estrategias de
promoción de la salud desde las instituciones
educativas,fomentandoprogramasde
actividad físicaaccesibles,educación
alimentaria continua y entornos que faciliten la
adopción de rutinas de autocuidado. De igual
forma, los resultados invitan a reforzar la
orientación preventiva dentro del primer nivel
de atención, asegurando que la atención
médica no se limite a la consulta curativa, sino
que incluya intervenciones efectivas para
cambiar hábitos poco saludables.
Este trabajo también permite reconocer
limitaciones importantes: el diseño transversal
impide establecer causalidad definitiva, y la
autopercepción devariables como lacalidad de
la alimentación o la frecuencia de actividad
física puede implicar sesgos de subregistro o
sobreestimación. Además, el muestreo no
probabilístico limita la generalización de los
resultados a toda la población estudiantil del
país.
Para futuras investigaciones, se recomienda
profundizar en estudios longitudinales que
permitan observar la evolución de estos
factores a lo largo del tiempo, así como
explorar la influencia de variables como el
estrés académico, la disponibilidad de espacios
para hacer ejercicio y la calidad del sueño en la
salud de la población joven. También sería
pertinente ampliar la investigación hacia
intervencionesprácticasquecombinen
estrategias educativas, políticas públicas y
participación comunitaria, alineadas con los
Objetivos de Desarrollo Sostenible y la
Agenda 2030.
En conclusión, este estudio aportaevidencia
valiosa para comprender la interacción entre
estilos de vida, hábitos de autocuidado y
atención médica en la población estudiantil,
destacando la urgencia de fortalecer la cultura
de la prevención como eje central para revertir
la tendencia creciente del sobrepeso y la
obesidad en México.
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Palacios Can, H. E., & Reynoso Garduño, A. M.
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DECLARACIÓN DE CONFLICTO DE INTERESES Los autores
declaran no tener conflictos de intereses.
DERECHOS DE AUTOR
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Jimenez, A. I., Palacios Can, H. E., & Reynoso Garduño, A. M. (2025)
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