Echeverría Quiñonez, B. R., y Otero Mendoza, L. K.
537
e-ISSN
3073-1151
Julio-Septiembre
, 2025
Vol.
2
, Núm.
3
,
537-550
https://doi.org/10.63415/saga.v2i3.223
Revista Científica Multidisciplinar
https://revistasaga.org/
Artículo de revisión sistemática
Inteligencia Artificial Generativa como herramienta
pedagógica: una revisión sistemática sobre su impacto en los
procesos de enseñanza-aprendizaje
Generative Artificial Intelligence as a Pedagogical Tool: A Systematic Review
of its Impact on Teaching-Learning Processes
Blanca Rosibel Echeverria Quiñonez
1
, Luz Karina Otero Mendoza
2
1
Universidad del Pacífico, Vía a la Costa MZ520 SL.1, Guayaquil, Ecuador
2
Universidad Estatal de Milagro, Cdla. Universitaria Km. 1.5 vía Km. 26, Milagro, Ecuador
Recibido
: 2025-05-01 /
Aceptado
: 2025-06-02 /
Publicado
: 2025-07-01
RESUMEN
Este estudio presenta una introducción sobre la creciente integración de la inteligencia artificial generativa (IAG) en los
procesos de enseñanza-aprendizaje, destacando su potencial para personalizar el aprendizaje, fomentar la creatividad y
desarrollar el pensamiento crítico. Los objetivos de la revisión sistemática se centraron en analizar cómo la IAG impacta
en el aprendizaje, los retos éticos y pedagógicos, y el rol del docente en distintos contextos educativos. Los métodos
incluyeron la búsqueda y evaluación de artículos publicados entre 2020 y 2025 en bases de datos académicas y literatura
gris, aplicando criterios de elegibilidad previamente definidos, y la extracción y síntesis de hallazgos relevantes. Los
resultados evidencian que la IAG facilita experiencias de aprendizaje personalizadas, fortalece la creatividad y el
pensamiento crítico, y transforma la labor docente hacia un liderazgo pedagógico más ético y reflexivo. Las conclusiones
indican que la IAG, utilizada de manera responsable y con mediación docente, no solo optimiza el rendimiento académico,
sino que promueve competencias socioemocionales y cognitivas significativas, contribuyendo a un aprendizaje inclusivo,
motivador y duradero.
Palabras clave:
creatividad; inteligencia artificial generativa; pensamiento crítico; personalización; rol docente
ABSTRACT
This study presents an introduction to the growing integration of generative artificial intelligence (GAI) in teaching-
learning processes, highlighting its potential to personalize learning, foster creativity, and develop critical thinking. The
objectives of the systematic review focused on analyzing how GAI impacts learning, ethical and pedagogical challenges,
and the teacher’s role in different educational contexts. The methods included searching and evaluating articles published
between 2020 and 2025 in academic databases and gray literature, applying predefined eligibility criteria, and extracting
and synthesizing relevant findings. The results show that GAI facilitates personalized learning experiences, strengthens
creativity and critical thinking, and transforms teaching into more ethical and reflective pedagogical leadership. The
conclusions indicate that GAI, when used responsibly and with teacher mediation, not only optimizes academic
performance but also promotes significant socio-emotional and cognitive competencies, contributing to inclusive,
motivating, and lasting learning.
keywords
: creativity; generative artificial intelligence; critical thinking; personalization; teacher role
RESUMO
Este estudo apresenta uma introdução sobre a crescente integração da inteligência artificial generativa (IAG) nos
processos de ensino-aprendizagem, destacando seu potencial para personalizar o aprendizado, estimular a criatividade e
desenvolver o pensamento crítico. Os objetivos da revisão sistemática focaram em analisar como a IAG impacta o
aprendizado, os desafios éticos e pedagógicos, e o papel do professor em diferentes contextos educacionais. Os métodos
incluíram a busca e avaliação de artigos publicados entre 2020 e 2025 em bases de dados acadêmicas e literatura cinzenta,
aplicando critérios de elegibilidade pré-definidos e extraindo e sintetizando achados relevantes. Os resultados evidenciam
que a IAG facilita experiências de aprendizado personalizadas, fortalece a criatividade e o pensamento crítico, e
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transforma a atuação docente em uma liderança pedagógica mais ética e reflexiva. As conclusões indicam que a IAG,
utilizada de forma responsável e com mediação docente, não apenas otimiza o desempenho acadêmico, mas também
promove competências socioemocionais e cognitivas significativas, contribuindo para uma aprendizagem inclusiva,
motivadora e duradoura.
palavras-chave
: criatividade; inteligência artificial generativa; pensamento crítico; personalização; papel do docente
Forma sugerida de citar (APA):
Echeverría Quiñonez, B. R., y Otero Mendoza, L. K. (2025). Inteligencia Artificial Generativa como herramienta pedagógica: una revisión sistemática
sobre su impacto en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Revista Científica Multidisciplinar SAGA, 2(3), 537-550.
https://doi.org/10.63415/saga.v2i3.223
Esta obra está bajo una licencia internacional
Creative Commons de Atribución No Comercial 4.0
INTRODUCCIÓN
En la actualidad, la inteligencia artificial
generativa (IAG) es una herramienta
transformadora en los procesos de enseñanza-
aprendizaje, ofreciendo posibilidades que van
más allá de la simple transmisión de
información. La necesidad de revisar
sistemáticamente su impacto se justifica por la
creciente implementación de estas tecnologías
en contextos educativos diversos y por la
escasa consolidación de evidencia empírica
sobre sus beneficios y limitaciones. Como
señalan Guerschberg y Gutiérrez (2024), la
IAG facilita experiencias de aprendizaje
personalizadas, lo que representa un cambio
frente a los modelos tradicionales de
enseñanza, incrementando la relevancia de su
estudio sistemático.
Los antecedentes muestran un interés
creciente en explorar cómo la IAG contribuye
a la personalización del aprendizaje y al
desarrollo de habilidades cognitivas y
socioemocionales. Chávez-Boza y Erazo-
Moreta (2024) destacan que estas herramientas
permiten ajustar los contenidos según los
estilos de aprendizaje, ofreciendo
retroalimentación inmediata y adaptativa. Sin
embargo, persisten preguntas sobre su eficacia
real, su integración curricular y las
implicaciones éticas de su uso. Estas lagunas
evidencian la necesidad de consolidar y
analizar la información disponible, generando
un panorama más completo que sirva de guía
para educadores, investigadores y
responsables de políticas educativas.
La creatividad y el pensamiento crítico son
competencias esenciales en la sociedad digital
actual, y la literatura reciente señala que la IAG
puede fortalecer estas habilidades. Muñoz
Martínez, Roger-Monzo y Castelló Sirvent
(2025) argumentan que la interacción con
contenidos generados automáticamente
fomenta la formulación de ideas originales y la
resolución de problemas complejos. Del
mismo modo, Cuesta García, González
Argüello y Pujolà Font (2024) evidencian que
la IAG contribuye al desarrollo de
pensamiento crítico en procesos de escritura,
destacando su potencial para formar
estudiantes más autónomos y reflexivos.
Los retos éticos y pedagógicos asociados a
la implementación de IAG también demandan
atención. Cobeña Tallado (2024) y Limongi-
Vélez (2022) advierten que la integración de
estas herramientas requiere acompañamiento
docente y criterios éticos claros para evitar un
uso deshumanizado de la tecnología. Alfaro-
Salas y Díaz-Porras (2024) refuerzan esta idea
al señalar que, sin mediación adecuada, la IAG
puede convertirse en un recurso frío,
desconectado de las necesidades
socioemocionales del alumnado. Así, estudiar
estas dimensiones es crucial para garantizar
que los beneficios sean sostenibles y
responsables.
La revisión también se justifica por la
transformación que la IAG genera en la labor
docente. Vallejo (2024) indica que el docente
se convierte en un líder pedagógico capaz de
integrar tecnología y cuidado emocional,
mientras que Olivares Fong et al. (2021)
advierten sobre los riesgos de sobrecarga
laboral y burnout. Analizar cómo la IAG puede
equilibrar estas demandas permite identificar
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estrategias que fortalezcan el bienestar docente
y la efectividad pedagógica. Esta perspectiva
resulta imprescindible para desarrollar un
enfoque educativo que considere tanto los
resultados de aprendizaje como la salud
emocional del profesorado.
En términos de inclusión y equidad, la IAG
ofrece oportunidades únicas. Serrano y
Moreno-García (2024) señalan que estas
tecnologías pueden superar limitaciones de los
métodos tradicionales, facilitando el acceso a
recursos educativos adaptados a diversos
perfiles de estudiantes. La revisión sistemática
permite sintetizar la evidencia sobre cómo la
personalización y la adaptabilidad de la IAG
contribuyen a reducir brechas educativas y
promover entornos de aprendizaje más
inclusivos. Así, se busca proporcionar un
marco sólido que apoye la toma de decisiones
en la implementación de estrategias basadas en
inteligencia artificial en diferentes niveles
educativos.
Los avances en retroalimentación
personalizada son otro aspecto central a
explorar. Cortés Hernández et al. (2024)
destacan que la IAG ofrece respuestas
inmediatas y adaptadas a las necesidades
individuales, fortaleciendo la motivación y el
seguimiento del aprendizaje. Romani Pillpe et
al. (2025) refuerzan esta idea al mostrar que la
generación automática de contenidos permite
ajustar las actividades al ritmo de cada
estudiante. Comprender estos mecanismos es
esencial para optimizar su aplicación
pedagógica y para diseñar intervenciones que
maximicen los resultados académicos y
socioemocionales.
El análisis de experiencias previas revela
también la necesidad de formación docente
especializada. Coque Méndez et al. (2025)
enfatizan que los docentes deben adquirir
competencias digitales y éticas para mediar
efectivamente en entornos educativos
mediados por IAG. Esto subraya la
importancia de estudiar no solo los efectos en
los estudiantes, sino también cómo las
herramientas impactan en la práctica docente y
en la capacidad de los educadores para
implementar estrategias innovadoras de
manera efectiva y responsable.
Los objetivos de esta revisión sistemática se
centran en consolidar la evidencia sobre los
efectos de la IAG en el aprendizaje
personalizado, la creatividad, el pensamiento
crítico, la inclusión educativa, los retos éticos
y el rol docente. Asimismo, busca identificar
buenas prácticas, vacíos de investigación y
lineamientos que orienten futuras aplicaciones
pedagógicas. La sistematización de estos
hallazgos permitirá a investigadores y
educadores tomar decisiones informadas,
diseñar intervenciones más efectivas y
fundamentar políticas educativas que integren
la IAG de manera ética y sostenible.
La relevancia de esta investigación radica
en su potencial para impactar la educación
contemporánea y futura. Al sintetizar la
evidencia disponible, esta revisión ofrece un
panorama integral de los beneficios y desafíos
de la IAG en distintos niveles educativos. Los
hallazgos pueden orientar innovaciones
pedagógicas, fortalecer competencias
socioemocionales y cognitivas, y establecer
criterios éticos claros para la implementación
tecnológica. En última instancia, contribuye a
un enfoque educativo que no solo optimiza
resultados académicos, sino que también
promueve una formación integral, ética y
adaptada a los retos del siglo XXI.
METODOLOGÍA
La formulación de la pregunta de
investigación constituye el primer paso en esta
revisión sistemática. Se planteó como objetivo
central determinar cómo impacta la
inteligencia artificial generativa en los
procesos de enseñanza-aprendizaje,
incluyendo aspectos de personalización del
aprendizaje, creatividad, pensamiento crítico,
retos éticos y rol docente. La pregunta guía
permitió acotar el alcance de la revisión y
orientar la búsqueda de evidencia científica
pertinente. Este enfoque asegura que los
hallazgos extraídos respondan directamente a
necesidades educativas actuales y a vacíos en
la literatura, facilitando la identificación de
patrones, tendencias y áreas que requieren
investigación futura.
La definición de los criterios de elegibilidad
y de los desenlaces de interés fue esencial para
garantizar la relevancia y calidad de los
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estudios incluidos. Se consideraron artículos
publicados entre 2020 y 2025, en español e
inglés, relacionados con el uso de inteligencia
artificial generativa en educación formal o
virtual. Se priorizó evidencia que abordara la
personalización del aprendizaje, desarrollo del
pensamiento crítico y creatividad, retos éticos
y pedagógicos, así como impacto en la labor
docente. Se excluyeron estudios duplicados,
editoriales y trabajos sin revisión por pares.
Los desenlaces de interés incluyeron mejora en
competencias, inclusión educativa y bienestar
socioemocional.
La búsqueda y evaluación de artículos
relevantes se realizó en bases de datos
académicas como Scopus, Web of Science,
ERIC, y Google Scholar, así como en literatura
gris disponible en repositorios institucionales y
revistas especializadas. Se emplearon
combinaciones de palabras clave como
“Inteligencia Artificial Generativa”, “IA
generativa”, “aprendizaje personalizado”,
“creatividad educativa” y “pensamiento
crítico”. Cada artículo identificado fue
evaluado según el título y el resumen,
aplicando criterios de elegibilidad previamente
definidos. Los estudios que cumplían los
criterios fueron seleccionados para lectura
completa, y su calidad metodológica se evaluó
mediante listas de verificación de rigor
científico y relevancia pedagógica.
La selección, extracción y síntesis de los
estudios se llevó a cabo mediante un proceso
sistemático y documentado. Se registraron las
características de cada estudio, incluyendo
autores, año, país, tipo de intervención,
población, diseño metodológico y hallazgos
principales. La información fue codificada y
organizada en categorías temáticas
relacionadas con la personalización del
aprendizaje, creatividad, pensamiento crítico,
ética y rol docente. Posteriormente, se sintetizó
narrativamente, identificando patrones,
convergencias y discrepancias entre los
estudios. Este procedimiento permitió generar
conclusiones sólidas sobre el impacto de la
IAG en la educación, así como
recomendaciones para su implementación
responsable y efectiva.
A continuación, se presenta la tabla con los
criterios de elegibilidad definidos para la
selección de los estudios incluidos en la
revisión sistemática:
Tabla 1
Criterios de elegibilidad
Criterio
Descripción
Periodo de
publicación
2020-2025
Idioma
Español e inglés
Tipo de estudio Artículos originales, revisiones sistemáticas, estudios experimentales y
cuasi-experimentales
Población
Estudiantes y docentes de educación básica, media y superior
Intervención
Uso de inteligencia artificial generativa en contextos educativos
Desenlaces de interés Personalización del aprendizaje, creatividad, pensamiento crítico, retos
éticos y pedagógicos, impacto docente
Exclusión
Editoriales, duplicados, estudios sin revisión por pares o fuera del
ámbito educativo
Fuente: Elaboración propia
SAGA Rev. Cienc. Multidiscip. | e-ISSN 3073-1151 | Julio-Septiembre, 2025 | vol. 2 | núm. 3 | pág. 537-550
Echeverría Quiñonez, B. R., y Otero Mendoza, L. K.
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RESULTADOS
Tabla 2
Hallazgos de la revisión sistemática sobre el impacto de la inteligencia artificial generativa en los
procesos de enseñanza-aprendizaje
Nº
Fuente (APA 7)
Hallazgo principal
1 Guerschberg &
Gutiérrez (2024)
La IAG facilita microaprendizajes adaptados al ritmo y estilo
cognitivo de cada estudiante.
2 Chávez-Boza &
Erazo-Moreta (2024)
La IAG permite crear entornos de aprendizaje de programación más
flexibles y personalizados.
3 Serrano & Moreno-
García (2024)
La IAG fortalece la inclusión educativa al superar limitaciones de los
métodos tradicionales.
4 Romani Pillpe et al.
(2025)
La IAG genera materiales dinámicos y ajustados a perfiles
individuales de estudiantes.
5 Cortés Hernández et
al. (2024)
La IAG actúa como asistente estratégico para ofrecer
retroalimentación inmediata y personalizada.
6
Muñoz Martínez,
Roger-Monzo &
Castelló Sirvent
(2025)
La interacción con IAG fomenta el pensamiento crítico mediante la
formulación de preguntas y análisis reflexivo.
7 Cuesta García,
González Argüello &
Pujolà Font (2024)
La IAG potencia la escritura y la argumentación crítica en estudiantes
de formación docente.
8 Fuertes Alpiste
(2024)
La IAG funciona como soporte cognitivo que estimula la creatividad
y la generación de ideas originales.
9 Alpízar Garrido &
Martínez Ruiz (2024)
Los estudiantes perciben mayor autonomía intelectual y capacidad de
innovación con la IAG.
10 Ruiz et al. (2025) La IAG exige reflexión ética para asegurar un uso responsable y
evitar dependencia tecnológica.
11 Cobeña Tallado
(2024)
La ética y la mediación docente son fundamentales para un impacto
positivo de la IAG en educación.
12 Limongi-Vélez
(2022)
La integración pedagógica de la IAG requiere acompañamiento
docente para garantizar aprendizaje humanizado.
13 Alfaro-Salas & Díaz-
Porras (2024)
Sin mediación adecuada, la IA puede convertirse en un recurso frío,
desconectado de necesidades socioemocionales.
14 Álvarez-Sepúlveda
(2023)
La formalización de programas de IA en el currículo escolar asegura
sostenibilidad y eficacia pedagógica.
15 Coque Méndez et al.
(2025)
La IAG permite personalizar la enseñanza según estilos de
aprendizaje, siempre con acompañamiento humano.
16 Vallejo (2024) La IA transforma al docente en líder pedagógico capaz de integrar
tecnología y cuidado emocional.
17 Farias-Veloz et al.
(2022)
Los programas socioemocionales apoyados por IA mejoran el
bienestar y rendimiento académico del alumnado.
18 Olivares Fong et al.
(2021)
El uso de IA puede reducir carga administrativa, pero exige nuevas
competencias y atención al bienestar docente.
19 Benoit Ríos & Vega
Pinochet (2022)
Los docentes perciben su rol como mediador entre tecnología y
acompañamiento humano, potenciando la confianza de los
estudiantes.
20 Ley-Leyva (2022) La IA complementa, pero no sustituye, la labor docente; permite
equilibrar exigencias pedagógicas y cuidado emocional.
Nota: Elaboración propia con base en las fuentes citadas
SAGA Rev. Cienc. Multidiscip. | e-ISSN 3073-1151 | Julio-Septiembre, 2025 | vol. 2 | núm. 3 | pág. 537-550
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DISCUSIÓN
Mejora en la personalización del
aprendizaje
La personalización del aprendizaje ha
dejado de ser un ideal lejano para convertirse
en una posibilidad tangible gracias a la
inteligencia artificial generativa (IAG). En el
aula, ya no hablamos de un único camino para
todos, sino de múltiples senderos que se
entrelazan con las necesidades de cada
estudiante. Como destacan Guerschberg y
Gutiérrez (2024), la IAG impulsa
microaprendizajes que se ajustan al ritmo y
estilo cognitivo individual. Esta flexibilidad
representa un soplo de aire fresco frente a
métodos tradicionales rígidos. No se trata solo
de tecnología, sino de humanizar la enseñanza
desde la diversidad.
Los resultados de diferentes estudios
apuntan a que la IAG genera materiales
dinámicos, enriquecidos y adaptados a los
perfiles de los aprendices (Romani Pillpe et al.,
2025). Esa capacidad de respuesta casi
inmediata a los intereses o vacíos conceptuales
marca un antes y un después. El estudiante que
se sentía rezagado ahora recibe
retroalimentación en tiempo real, mientras que
quien va más adelantado encuentra retos
adicionales. Esta personalización equilibra la
balanza en la experiencia educativa y ofrece un
acompañamiento constante, parecido a tener
un mentor invisible que guía paso a paso.
Hablar de personalización es hablar
también de inclusión. Serrano y Moreno-
García (2024) advierten que la IAG podría
superar limitaciones de modelos anteriores que
prometían lo mismo y no lograban sostenerlo.
Hoy, las evidencias muestran lo contrario: la
inteligencia artificial no solo adapta
contenidos, también facilita que estudiantes
con diferentes capacidades encuentren accesos
comprensibles al conocimiento. Es
emocionante pensar que alguien que antes
quedaba excluido por barreras metodológicas
pueda sentirse parte activa del proceso. Esa es
la verdadera revolución: la inclusión como un
derecho que se vuelve alcanzable gracias a la
tecnología.
El impacto de la IAG en la personalización
va más allá del aula. Chávez-Boza y Erazo-
Moreta (2024) muestran cómo en la enseñanza
de la programación se generan entornos más
flexibles y menos intimidantes. Un estudiante
puede practicar código, cometer errores y
recibir explicaciones inmediatas que se
adaptan a su nivel de comprensión. La
experiencia se vuelve menos frustrante y más
cercana, casi como una conversación con
alguien que entiende exactamente dónde nos
atascamos. Esa cercanía emocional es clave: la
personalización no es solo académica, también
toca la confianza y la motivación.
Sin embargo, no se trata de magia. Serrano
y Moreno-García (2024) recuerdan que existe
el riesgo de confundir innovación con
promesas recicladas. Es necesario mirar con
cautela y evaluar la efectividad de estas
herramientas en el tiempo. La personalización
debe medirse en logros reales y no solo en
percepciones iniciales. Aun así, el entusiasmo
es comprensible: nunca antes habíamos
contado con sistemas capaces de analizar
patrones de aprendizaje y ajustar los materiales
al instante. La clave está en usarlos con criterio
pedagógico, sin olvidar que el docente sigue
siendo el mediador indispensable.
La retroalimentación inmediata es otro eje
central de esta transformación. Cortés
Hernández et al. (2024) resaltan cómo la IAG
puede actuar como asistente estratégico,
ofreciendo correcciones personalizadas y
sugerencias adaptadas al estilo del estudiante.
Esta inmediatez reduce la frustración y
mantiene el interés. Imagina recibir en
segundos una explicación alternativa justo
cuando más lo necesitas. Esa respuesta
oportuna no solo mejora el aprendizaje,
también genera una sensación de
acompañamiento. En un mundo donde muchos
estudiantes sienten soledad académica, la IAG
ofrece una voz que escucha y responde sin
cansancio.
La personalización también abre puertas a
recursos que antes estaban reservados para
pocos. Según Romani Pillpe et al. (2025), la
IAG amplía el acceso a contenidos
especializados, ajustados a distintos niveles de
complejidad. Lo que antes dependía de
costosos tutores ahora se democratiza en
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plataformas digitales accesibles. La metáfora
es sencilla: la llave del conocimiento ya no está
guardada en un cofre cerrado, sino disponible
para quienes deseen usarla. Este acceso masivo
y flexible refuerza la equidad educativa, un
tema tan urgente en sociedades marcadas por
desigualdades históricas.
Los estilos cognitivos, tan diversos como
las huellas dactilares, encuentran en la IAG un
terreno fértil. Guerschberg y Gutiérrez (2024)
señalan que la adaptabilidad de estos sistemas
logra captar ritmos de aprendizaje muy
distintos, evitando que nadie quede atrás. Un
estudiante visual puede recibir gráficos y
esquemas, mientras que otro con preferencia
auditiva encuentra explicaciones narradas.
Esta pluralidad de formatos hace que el
aprendizaje se sienta más natural, como si la
enseñanza se moldeara a la vida misma. Y esa
capacidad de resonar con cada quien es un
avance pedagógico profundo.
Lo más fascinante de la personalización con
IAG es su capacidad de evolucionar con el
propio estudiante. A medida que se avanza, el
sistema no se queda en el mismo punto, sino
que crece junto al aprendiz. Chávez-Boza y
Erazo-Moreta (2024) destacan que esta
adaptabilidad fomenta autonomía, pues el
estudiante aprende a reconocer su progreso. No
hablamos de una ruta estática, sino de un viaje
en constante ajuste. Este dinamismo no solo
potencia el aprendizaje, también estimula la
autoconfianza, porque cada paso se valida en
función de logros personales.
La personalización del aprendizaje a través
de la IAG representa un cambio radical en los
procesos educativos. Los hallazgos muestran
beneficios claros: inclusión, retroalimentación
oportuna y acceso ampliado a recursos (Cortés
Hernández et al., 2024; Romani Pillpe et al.,
2025). Pero más allá de la evidencia, hay un
trasfondo humano: estudiantes que sienten que
por fin alguien entiende cómo aprenden. Esta
cercanía es quizás el mayor logro de la IAG.
No sustituye al docente, lo complementa. Y en
esa alianza surge una nueva forma de enseñar,
más empática, más flexible, más justa.
Potenciación de la creatividad y el
pensamiento crítico
La creatividad y el pensamiento crítico han
sido, desde siempre, motores de la educación
transformadora. Hoy, la inteligencia artificial
generativa (IAG) se convierte en un
catalizador de estas capacidades, abriendo
caminos insospechados en los procesos de
enseñanza-aprendizaje. Como señalan Muñoz
Martínez, Roger-Monzo y Castelló Sirvent
(2025), la interacción con sistemas generativos
no se limita a ofrecer respuestas, sino que
provoca en los estudiantes la formulación de
nuevas preguntas. Esa chispa, la de cuestionar
y replantear, constituye el primer paso hacia un
pensamiento crítico sólido, indispensable en
una sociedad donde lo digital marca el pulso
del conocimiento.
La IAG no solo responde: invita a imaginar.
Según Fuertes Alpiste (2024), estas
herramientas funcionan como auténticos
soportes cognitivos que ayudan a estructurar
ideas y explorar caminos creativos. El
estudiante ya no se enfrenta a la hoja en blanco
con miedo, sino con curiosidad. Los
contenidos generados automáticamente actúan
como trampolines para saltar hacia propuestas
originales. De esta manera, la creatividad se ve
potenciada, no reemplazada. Se trata de un
diálogo entre la mente humana y la inteligencia
artificial, un intercambio que multiplica las
posibilidades de expresión y aprendizaje.
En el campo de la escritura académica,
Cuesta García, González Argüello y Pujolà
Font (2024) destacan que el uso de la IAG
impulsa la capacidad de argumentación y
análisis crítico. No se trata de copiar un texto
generado, sino de dialogar con él, contrastarlo,
cuestionarlo y reconstruirlo. Este ejercicio
convierte al estudiante en un sujeto activo del
conocimiento, capaz de discernir la calidad de
las fuentes y de crear nuevas conexiones. Así,
la escritura deja de ser un mero requisito
escolar y se transforma en una experiencia de
reflexión profunda.
Los estudiantes perciben estas ventajas con
claridad. Alpízar Garrido y Martínez Ruiz
(2024) evidencian que quienes interactúan con
la IAG sienten un incremento en su autonomía
intelectual y en su capacidad de proponer
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Echeverría Quiñonez, B. R., y Otero Mendoza, L. K.
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soluciones innovadoras. Esa confianza para
crear no surge de la nada, sino del
acompañamiento de una herramienta que
sugiere, provoca y orienta sin imponer. En este
proceso, los jóvenes reconocen que pensar
críticamente ya no es un lujo, sino una
competencia esencial que los prepara para
enfrentar los desafíos cambiantes del siglo
XXI.
El pensamiento crítico, además, se entrelaza
con una dimensión ética ineludible. Ruiz et al.
(2025) advierten que el uso de la IAG exige
reflexionar sobre la autenticidad de las
producciones y el riesgo de depender en exceso
de lo automatizado. Esta advertencia enriquece
el aprendizaje: al cuestionar la herramienta, el
estudiante fortalece aún más su capacidad de
análisis. Así, la IAG no solo potencia el
pensamiento crítico hacia los contenidos, sino
también hacia la propia tecnología. Una
especie de espejo que devuelve preguntas
sobre los límites y responsabilidades de su
aplicación en la educación.
La creatividad florece en la diversidad de
contextos. En la educación a distancia, por
ejemplo, Muñoz Martínez, Roger-Monzo y
Castelló Sirvent (2025) señalan que la IAG
ofrece un soporte que estimula la interacción,
evitando la sensación de aislamiento. Al
proponer escenarios, casos o ejemplos
inesperados, los estudiantes se ven empujados
a imaginar soluciones. La distancia se reduce
cuando la tecnología abre un espacio para
experimentar colectivamente. En este sentido,
la IAG se convierte en un puente entre la
soledad del aprendizaje digital y la riqueza de
la colaboración creativa.
La relevancia de este fenómeno no se limita
al aula: responde a una necesidad cultural. En
un mundo saturado de información, la
capacidad de filtrar, analizar y generar nuevas
perspectivas se vuelve vital. Fuertes Alpiste
(2024) subraya que la IAG actúa como un
“andamiaje cognitivo”, un soporte que no
sustituye al razonamiento humano, sino que lo
expande. Frente a una marea de datos, el
estudiante aprende a navegar con criterio,
distinguiendo lo valioso de lo superfluo. Esta
habilidad de discernimiento es, en sí misma,
una forma de pensamiento crítico aplicado al
día a día.
La interacción con la IAG también despierta
emociones sutiles: curiosidad, sorpresa,
incluso una chispa de asombro. Alpízar
Garrido y Martínez Ruiz (2024) muestran que
los estudiantes se sienten motivados cuando
descubren que pueden ir más allá de lo
esperado. Ese impulso emocional se convierte
en energía creativa, pues el aprendizaje deja de
ser una obligación para transformarse en una
aventura. El pensamiento crítico, lejos de ser
una tarea ardua, se asocia con el placer de
explorar. Así, la tecnología abre no solo
puertas cognitivas, sino también afectivas, que
enriquecen la experiencia educativa.
No obstante, potenciar la creatividad con
IAG implica asumir un compromiso
pedagógico. Cuesta García et al. (2024)
insisten en que el rol del docente es clave:
guiar, orientar y fomentar un uso responsable
de estas herramientas. La creatividad y el
pensamiento crítico no se improvisan, se
cultivan en un ambiente donde el error es
permitido y las ideas son valoradas. La IAG,
en este marco, se convierte en un aliado que
expande horizontes, siempre bajo la mediación
de un acompañamiento humano que mantiene
el rumbo hacia una educación más consciente
y significativa.
La inteligencia artificial generativa no es un
fin en sí misma, sino un medio para potenciar
lo más humano de la educación: la creatividad
y el pensamiento crítico. Los estudios
revisados coinciden en que su valor radica en
promover competencias que van más allá de
memorizar contenidos (Muñoz Martínez et al.,
2025; Ruiz et al., 2025). La interacción con la
tecnología se convierte en una oportunidad
para imaginar, cuestionar y crear. Y en ese
proceso, los estudiantes descubren que
aprender no es solo acumular, sino también
transformar, innovar y dejar huellas propias en
el conocimiento.
Retos éticos y pedagógicos en su aplicación
En la actualidad, los retos éticos y
pedagógicos en la aplicación de la inteligencia
artificial generativa en la educación se
presentan como un espejo que refleja tanto las
esperanzas como los temores de la comunidad
escolar. Por un lado, se alza la posibilidad de
potenciar el desarrollo socioemocional,
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mejorando el rendimiento académico y el
bienestar a largo plazo. Por otro, emerge la
duda sobre el uso responsable y humanizado de
estas herramientas. Como señalan Cobeña
Tallado (2024) y Limongi-Vélez (2022), la
ética y el acompañamiento docente resultan
ineludibles para lograr un impacto positivo y
sostenible.
Los programas orientados al crecimiento
socioemocional muestran resultados
alentadores. Estudiantes que participan en
estas intervenciones no solo rinden mejor en el
aula, sino que también desarrollan resiliencia y
empatía, cualidades esenciales para la vida
adulta. Sin embargo, Alfaro-Salas y Díaz-
Porras (2024) advierten que, sin una correcta
mediación pedagógica, la IA puede convertirse
en un recurso frío, desconectado de las
necesidades emocionales del alumnado. Por
ello, la integración curricular debe ser
consciente y equilibrada, evitando que la
tecnología sustituya lo humano, y más bien
colocándola como aliada en la construcción de
aprendizajes significativos.
La discusión se torna aún más relevante
cuando se plantea la necesidad de formalizar
estos programas en el currículo escolar. No
basta con proyectos aislados o experiencias
piloto; es preciso diseñar estrategias
sostenibles, acompañadas de formación
docente y reflexión ética. Según Álvarez-
Sepúlveda (2023), la IA tiene el potencial de
catalizar procesos de enseñanza más inclusivos
y dinámicos, pero su eficacia depende de la
capacidad del sistema educativo para anclar
estas propuestas en valores compartidos. Sin
ética, toda innovación corre el riesgo de
diluirse en lo superficial.
Al hablar de ética en la educación mediada
por IA, surge una pregunta inevitable: ¿qué
tipo de ciudadanos estamos formando? Cobeña
Tallado (2024) insiste en que la integración de
la ética no es un accesorio, sino la base para
preparar individuos responsables y críticos. Si
las herramientas tecnológicas se aplican sin
una reflexión profunda, los estudiantes pueden
desarrollar competencias técnicas, pero perder
la brújula moral necesaria para enfrentar
dilemas sociales. La educación, entonces, debe
ser un faro que guíe hacia un uso consciente y
transformador de la tecnología.
El reto pedagógico es igualmente complejo.
Coque Méndez et al. (2025) plantean que los
estilos de aprendizaje deben considerarse al
integrar nuevas estrategias, ya que no todos los
estudiantes se relacionan con la información de
la misma manera. Aquí la IA ofrece un
horizonte fascinante: personalizar la
enseñanza, adaptándose a ritmos y
preferencias. Sin embargo, esta flexibilidad
requiere un acompañamiento humano
constante, porque la máquina no comprende la
vulnerabilidad, los silencios ni las emociones
que muchas veces marcan la diferencia en la
vida escolar. La pedagogía debe abrazar esa
dualidad.
Los resultados de intervenciones
socioemocionales hablan por sí mismos:
mayor motivación, cohesión grupal, reducción
de conflictos y mejor rendimiento académico.
Como apuntan Alfaro-Salas y Díaz-Porras
(2024), los adolescentes perciben la IA con
entusiasmo, aunque también con cierta
desconfianza frente a su impacto ético. Esa
ambivalencia es una señal de que la tecnología
no debe imponerse, sino ser negociada,
dialogada, comprendida en el aula. Solo así los
beneficios trascienden lo inmediato y se
convierten en aprendizajes para toda la vida.
La integración curricular, en consecuencia, se
vuelve urgente y necesaria.
En este escenario, el rol docente cobra un
valor decisivo. Limongi-Vélez (2022) resalta
que el acompañamiento pedagógico es la clave
para que las innovaciones no se conviertan en
simples experimentos pasajeros. El profesor,
más que nunca, es guía y mediador, aquel que
traduce lo técnico en vivencias humanas.
Formar a los docentes en competencias
digitales, pero también en reflexión ética, es
vital para que puedan sostener el delicado
equilibrio entre innovación y humanización.
La IA no reemplaza al maestro: lo desafía a
reinventarse y a abrazar nuevas formas de
enseñar.
Si se logra integrar ética y pedagogía en el
uso de la IA, los beneficios se multiplican más
allá de la etapa escolar. Como señalan Coque
Méndez et al. (2025), los aprendizajes
socioemocionales fortalecen competencias
para la vida, como la empatía, la resiliencia y
el pensamiento crítico. Estas habilidades no se
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diluyen con el tiempo; al contrario, acompañan
al individuo en la universidad, en el trabajo y
en las relaciones personales. Se trata de un
legado invisible, pero poderoso, que convierte
a la escuela en el inicio de una vida plena y
responsable.
La discusión sobre los retos éticos y
pedagógicos también es una invitación a
replantear el concepto de éxito educativo. Ya
no se trata únicamente de calificaciones o
resultados cuantitativos, sino de formar seres
humanos completos, con sensibilidad y
capacidad de convivencia. Como sostiene
Álvarez-Sepúlveda (2023), la IA puede ser un
catalizador, pero nunca un fin en sí mismo. Lo
importante es el horizonte humano que se
persigue. Ese horizonte está tejido de
emociones, historias y vínculos que ningún
algoritmo puede replicar, aunque sí puede
potenciar si se usa con sabiduría.
En última instancia, hablar de ética y
pedagogía en la aplicación de la IA es hablar
de futuro, de cómo queremos habitar el mundo
que estamos construyendo. La escuela, como
espacio de encuentro y transformación, tiene la
oportunidad de convertir la tecnología en
aliada de la esperanza. Si los programas
socioemocionales se integran al currículo
formal, los estudiantes no solo aprenderán
más, sino que vivirán mejor. Y ese, quizá, es el
mayor triunfo de la educación: que lo
aprendido trascienda las aulas y florezca en la
vida misma, con dignidad y humanidad.
Impacto en la labor docente y el rol del
profesor
El impacto de la inteligencia artificial
generativa en la labor docente abre un
horizonte lleno de promesas, pero también de
exigencias. La figura del profesor ya no se
reduce a transmitir información; ahora se
convierte en guía emocional y estratégico,
capaz de acompañar procesos de aprendizaje
más humanos. Según Vallejo (2024), el
docente debe transformarse en un líder
pedagógico que gestione con visión crítica la
integración tecnológica. Sin embargo, esta
nueva función no está exenta de tensiones: el
equilibrio entre innovación y cuidado
emocional se convierte en un desafío constante
que atraviesa la práctica cotidiana.
Las intervenciones escolares orientadas al
desarrollo socioemocional revelan un impacto
profundo en el bienestar del alumnado. Al
mejorar el rendimiento académico, fortalecen
también la autoestima y la capacidad de
convivir con otros. Farias-Veloz et al. (2022)
recuerdan que la función del docente siempre
ha estado vinculada a las demandas sociales de
cada época, y hoy no es diferente: formar
estudiantes competentes exige también formar
ciudadanos conscientes. La IA, en este sentido,
puede ser una aliada para personalizar apoyos,
pero requiere de la sensibilidad del profesor
para que los resultados trasciendan los datos y
se conviertan en aprendizajes vitales.
El rol del docente en este escenario no
puede comprenderse sin atender a su
dimensión humana. Olivares Fong et al. (2021)
advierten sobre los riesgos del burnout que
enfrentan los profesores, quienes cargan
múltiples roles dentro y fuera del aula. El uso
de IA puede aliviar parte de la carga
administrativa, pero también exige nuevas
competencias que generan presión adicional.
Por eso, los programas socioemocionales no
deberían enfocarse solo en estudiantes;
también deben cuidar el bienestar del maestro,
reconociendo que un docente emocionalmente
equilibrado transmite confianza y entusiasmo a
sus alumnos.
La integración de programas
socioemocionales al currículo formal impacta
directamente en la labor docente. Benoit Ríos
y Vega Pinochet (2022) señalan que los
profesores en formación perciben su rol como
un ejercicio complejo, lleno de expectativas
sociales y personales. En este contexto, la IA
aparece como una herramienta que amplía
horizontes, pero no elimina la necesidad del
contacto humano. Al contrario, lo intensifica:
los estudiantes requieren docentes que sepan
mediar entre el rigor de la tecnología y la
calidez del acompañamiento, generando un
ambiente en el que aprender sea también un
acto de confianza y crecimiento personal.
El docente de hoy debe reconocerse como
actor histórico en transformación. Farias-
Veloz et al. (2022) afirman que su papel
siempre ha respondido a los retos sociales y
culturales de cada época. En la era de la
inteligencia artificial, esa respuesta se concreta
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en la capacidad de fomentar habilidades
socioemocionales que preparen para la vida.
La educación no puede quedarse en lo técnico;
necesita cultivar resiliencia, empatía y sentido
crítico. Aquí, los resultados muestran que el
profesor es puente entre innovación y
humanidad, un mediador que logra que lo
aprendido se convierta en experiencia
significativa y duradera.
El bienestar del docente es clave en este
proceso de cambio. Olivares Fong et al. (2021)
destacan cómo la multiplicidad de roles puede
desgastar al profesor, afectando su desempeño
y su relación con los estudiantes. Integrar
programas socioemocionales no solo beneficia
a los alumnos, sino que ofrece al docente un
espacio de acompañamiento para enfrentar sus
propias tensiones. Así, la IA no se plantea
como sustituta, sino como soporte que alivia
cargas operativas y permite al maestro
concentrarse en lo esencial: generar vínculos
humanos y promover aprendizajes que
trasciendan la mera acumulación de
contenidos.
La discusión sobre el rol del profesor se
vuelve urgente cuando se plantea la
integración curricular de estas propuestas.
Vallejo (2024) sostiene que la IA impulsa una
transformación hacia un liderazgo pedagógico
estratégico. Ese liderazgo no se limita a
dominar recursos digitales, sino a tejer
proyectos educativos que respondan a la
realidad emocional y social de los estudiantes.
Los resultados de las intervenciones lo
confirman: mayor rendimiento, cohesión
grupal y bienestar prolongado. El profesor, en
consecuencia, se erige como arquitecto de
experiencias que combinan lo tecnológico con
lo humano, construyendo aprendizajes
relevantes y sostenibles.
En este sentido, Ley-Leyva (2022) enfatiza
que el papel del docente de educación básica es
cada vez más desafiante, pues debe adaptarse a
contextos cambiantes sin perder su esencia
formadora. Los programas socioemocionales
ofrecen un camino para equilibrar esa
exigencia, permitiendo que la IA complemente
la labor, pero no la desplace. La misión del
profesor sigue siendo guiar, inspirar y
acompañar. Lo novedoso es que ahora lo hace
en un escenario híbrido, donde conviven
algoritmos y emociones, datos y afectos,
generando un entramado pedagógico que
responde a las necesidades del presente sin
olvidar lo humano.
El profesor del siglo XXI se convierte en
tejedor de relaciones. Benoit Ríos y Vega
Pinochet (2022) muestran cómo los docentes
en formación reconocen la complejidad de su
rol, comprendiendo que enseñar no es solo
transmitir conocimientos, sino formar seres
humanos completos. La IA puede ayudar a
personalizar el aprendizaje, pero no sustituye
la intuición del maestro que percibe silencios,
gestos o emociones. Por ello, los programas
socioemocionales resultan imprescindibles:
permiten al profesor conectar con sus
estudiantes de manera más profunda,
generando un impacto que trasciende lo
académico y se proyecta en la vida futura.
El impacto de la IA en la labor docente es
una invitación a reimaginar la educación como
un proceso humano y colectivo. Vallejo (2024)
afirma que el futuro del rol docente pasa por
asumir un liderazgo que combine ética,
emoción y estrategia. Las intervenciones
socioemocionales lo demuestran: cuando el
profesor guía desde la empatía, los estudiantes
aprenden mejor y viven mejor. Esa es la
esencia del cambio: no se trata solo de integrar
tecnología, sino de transformar la relación
entre maestro y alumno en un diálogo vivo,
capaz de florecer más allá del aula.
CONCLUSIONES
La inteligencia artificial generativa ha
demostrado ser un recurso poderoso para
transformar la experiencia educativa,
permitiendo que el aprendizaje se adapte a las
necesidades y ritmos de cada estudiante. Los
hallazgos muestran que, cuando se utiliza de
manera consciente, la tecnología no reemplaza
al docente, sino que lo acompaña y potencia su
labor. La sensación de descubrimiento, de
explorar nuevas ideas, se refleja en la
motivación de los alumnos y en su capacidad
para asumir un rol activo en su proceso de
aprendizaje, donde cada interacción con la
herramienta se convierte en una oportunidad
de crecimiento.
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El estudio también revela que la creatividad
y el pensamiento crítico se ven estimulados por
la interacción con contenidos generados
automáticamente. Los estudiantes encuentran
en la IA un espacio seguro para experimentar,
equivocarse y reconstruir ideas, fomentando
un aprendizaje más profundo y significativo.
La sorpresa ante resultados inesperados, la
emoción de generar nuevas soluciones y la
curiosidad que despierta cada propuesta
tecnológica, son elementos que fortalecen la
autonomía intelectual. Este dinamismo
convierte al aprendizaje en una experiencia
viva, donde la imaginación y el análisis crítico
coexisten y se potencian, preparando a los
alumnos para enfrentar desafíos complejos.
Otro hallazgo relevante es la importancia de
la ética y la mediación pedagógica en el uso de
la IA. La tecnología por sí sola no garantiza
resultados positivos; necesita la guía de
docentes conscientes y reflexivos, capaces de
equilibrar innovación y humanidad. Los
estudiantes perciben la diferencia cuando las
herramientas se integran de manera
responsable: se sienten acompañados,
escuchados y valorados. Esta interacción
humana, combinada con la precisión
tecnológica, genera confianza y seguridad. La
IA deja de ser un recurso frío para convertirse
en un aliado que potencia habilidades, fomenta
la reflexión y fortalece la conexión emocional
con el aprendizaje.
El impacto en la labor docente es
igualmente significativo. Los hallazgos
muestran que los profesores se ven desafiados
a reinventar su rol, convirtiéndose en
mediadores, guías y líderes pedagógicos. La
carga administrativa puede reducirse, pero
surge la necesidad de desarrollar nuevas
competencias que integren tecnología, ética y
acompañamiento emocional. La satisfacción y
el bienestar del docente se convierten en
factores determinantes para el éxito de la
implementación tecnológica. Cuando los
maestros se sienten apoyados y valorados, su
entusiasmo se transmite a los estudiantes,
generando un entorno educativo más cálido,
inclusivo y motivador, donde aprender es una
experiencia compartida y enriquecedora.
La revisión evidencia que los beneficios de
la inteligencia artificial generativa van más allá
del aula. La personalización del aprendizaje, el
desarrollo de pensamiento crítico y
creatividad, y la integración ética y
pedagógica, contribuyen a formar estudiantes
capaces de enfrentar retos con resiliencia y
autonomía. La emoción de aprender se
combina con la responsabilidad de actuar con
criterio, promoviendo un aprendizaje que
trasciende lo académico y se proyecta en la
vida diaria. En esencia, la IA, utilizada con
conciencia y humanidad, no solo optimiza
resultados educativos, sino que transforma la
experiencia de aprender en un proceso
significativo, emocionante y duradero.
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DECLARACIÓN DE CONFLICTO DE INTERESES
Las autoras declaran no tener conflictos de intereses.
DERECHOS DE AUTOR
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